miércoles, 7 de enero de 2026

Los Moré: la memoria guerrera que resiste en el noroeste del Beni

Antiguamente cazadores y pescadores, organizados en una sociedad de fuerte carácter guerrero, los Moré hoy sobreviven como uno de los pueblos indígenas más pequeños de Bolivia. Con apenas 365 personas, mantienen su identidad entre la memoria prehispánica, la vida familiar y una economía de subsistencia ligada a la selva y a los ríos.

En el noroeste del departamento del Beni, entre ríos y bosques amazónicos, habita el pueblo indígena Moré, una etnia cuya historia se remonta a tiempos en que la caza y la pesca eran el eje de la vida cotidiana y la guerra una condición que marcaba incluso el nacimiento de los varones. En aquel entonces, la poligamia formaba parte de una organización social orientada a la defensa y al control del territorio.

Con el paso del tiempo y el impacto de la colonia, esa estructura fue transformándose. Hoy, la organización social de los Moré se basa en la familia nuclear. Sin embargo, su situación demográfica es crítica: según datos de la Confederación Nacional de Nacionalidades Indígenas Originarios de Bolivia (CONNIOB), la población superviviente alcanza apenas las 365 personas, lo que los coloca en riesgo de desaparición cultural.

Las huellas de su pasado aún permanecen en el paisaje. A lo largo de los ríos Iténez, cerca de Monte Azul, se conservan restos de arte rupestre y fragmentos de cerámica que evidencian un pasado prehispánico con un notable grado de desarrollo cultural. Estos vestigios confirman la antigua presencia de los Moré en la región y su relación profunda con el territorio.

Durante la colonia, los intentos de cristianización católica encontraron una fuerte resistencia. La poca receptividad de los indígenas impidió la consolidación de misiones religiosas, una situación que se mantiene hasta hoy, cuando la permanencia de cualquier iglesia en el territorio Moré resulta casi imposible.

En la actualidad, la economía del pueblo Moré se sustenta en la agricultura estacional y de subsistencia. Durante la época de lluvias siembran arroz; en la temporada seca cultivan maíz, frijol, yuca, plátano y guineo. La yuca ocupa un lugar central en la dieta diaria, procesada como chicha, chivé y harina, productos que también se comercializan en la ciudad de Guayaramerín. Lo mismo ocurre con los excedentes de plátano, guineo y frijol.

A estas actividades se suman la caza, la pesca y la recolección de castaña, prácticas ancestrales que complementan la alimentación y los ingresos. Así, entre la fragilidad demográfica y la persistencia cultural, los Moré continúan resistiendo, aferrados a la tierra, a la selva y a una historia que se niega a desaparecer.

Texto y foto: Richard Ilimuri