En el noroeste del departamento del Beni, entre ríos y bosques amazónicos, habita el pueblo indígena Moré, una etnia cuya historia se remonta a tiempos en que la caza y la pesca eran el eje de la vida cotidiana y la guerra una condición que marcaba incluso el nacimiento de los varones. En aquel entonces, la poligamia formaba parte de una organización social orientada a la defensa y al control del territorio.
Con el paso del
tiempo y el impacto de la colonia, esa estructura fue transformándose. Hoy, la
organización social de los Moré se basa en la familia nuclear. Sin embargo, su
situación demográfica es crítica: según datos de la Confederación Nacional de
Nacionalidades Indígenas Originarios de Bolivia (CONNIOB), la población
superviviente alcanza apenas las 365 personas, lo que los coloca en riesgo de
desaparición cultural.
Las huellas de su
pasado aún permanecen en el paisaje. A lo largo de los ríos Iténez, cerca de
Monte Azul, se conservan restos de arte rupestre y fragmentos de cerámica que
evidencian un pasado prehispánico con un notable grado de desarrollo cultural.
Estos vestigios confirman la antigua presencia de los Moré en la región y su
relación profunda con el territorio.
Durante la
colonia, los intentos de cristianización católica encontraron una fuerte
resistencia. La poca receptividad de los indígenas impidió la consolidación de
misiones religiosas, una situación que se mantiene hasta hoy, cuando la
permanencia de cualquier iglesia en el territorio Moré resulta casi imposible.
En la actualidad, la economía del pueblo Moré se sustenta en la agricultura estacional y de subsistencia. Durante la época de lluvias siembran arroz; en la temporada seca cultivan maíz, frijol, yuca, plátano y guineo. La yuca ocupa un lugar central en la dieta diaria, procesada como chicha, chivé y harina, productos que también se comercializan en la ciudad de Guayaramerín. Lo mismo ocurre con los excedentes de plátano, guineo y frijol.
A estas
actividades se suman la caza, la pesca y la recolección de castaña, prácticas
ancestrales que complementan la alimentación y los ingresos. Así, entre la
fragilidad demográfica y la persistencia cultural, los Moré continúan
resistiendo, aferrados a la tierra, a la selva y a una historia que se niega a
desaparecer.
Texto y foto: Richard Ilimuri
