Antes de la llegada de las misiones evangelizadoras, el pueblo indígena cavineño atravesó procesos de migración forzada a causa de conflictos armados con los Esse Ejjas. Posteriormente, fueron reducidos por misioneros jesuitas y franciscanos, hecho que marcó profundamente su organización social, sus creencias y sus formas de vida, sin lograr borrar del todo sus prácticas ancestrales.
Las formas de
vida del pueblo cavineño combinan elementos de la tradición ancestral con
hábitos occidentales incorporados con el paso del tiempo. Entre ellos, la caza
con escopetas y rifles convive con prácticas tradicionales como la pesca
mediante el uso de “sacha” y “barbasco”, una planta natural empleada para
adormecer a los peces.
Pese al alto
índice de analfabetismo, esta condición ha contribuido, paradójicamente, a la
conservación de una fuerte tradición oral. Los conocimientos, la historia y las
costumbres se transmiten de generación en generación a través de la palabra,
manteniendo vivas sus raíces culturales.
Durante el
proceso de investigación se evidenció el profundo respeto que la comunidad
profesa hacia los ancianos. Incluso los líderes tradicionales reconocen su
autoridad moral, bajo la premisa de que “cuanto más viejos son, más saben”.
Algunos de ellos recuerdan que, en épocas pasadas, era común el consumo de
sapos, una práctica vinculada al entorno ribereño donde se asientan y del cual
dependen para su subsistencia.
Los cavineños
conservan intactas dos cualidades que los distinguen: su fe en las deidades de
la naturaleza y su notable habilidad en la artesanía textil. Creen y respetan a
los espíritus del monte y de las aguas, a quienes recurren mediante rezos e
invocaciones para pedir protección, buena vivienda y alimento.
La artesanía,
elaborada con frutos, maderas y fibras naturales, destaca especialmente por la
destreza de las mujeres, herederas de técnicas y estilos ancestrales. Más allá
de su valor cultural e identitario, esta actividad se ha convertido en una
pequeña pero significativa fuente de ingresos para la comunidad.
En el ámbito
organizativo, los cavineños mantienen una estructura social patriarcal basada
en el respeto y la obediencia. Eligen a un jefe que, en la actualidad, recibe
el nombre de presidente de la comunidad, figura que cumple un doble rol:
representante político ante instancias externas y autoridad jerárquica interna.
La comunidad se
rige por dos tipos de organización: una tradicional, basada en usos y
costumbres, y otra sociopolítica, que ha cobrado mayor relevancia por su
vínculo con los trámites de Tierra Comunitaria de Origen (TCO). De esta última
dependen aspectos fundamentales como la educación, la salud y la gestión de los
recursos naturales.
