domingo, 30 de abril de 2023

Antonio José de Sucre y Alcalá: Apoteósico recibimiento al Mariscal en Chuquisaca

"Era la tarde de un 30 de abril de 1825". La historia nos ubica en el último día del mes de abril cuando el Mariscal Antonio José de Sucre ingresaba triunfante a la ciudad de Chuquisaca. 

Luego de haber triunfado en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, el Mariscal Antonio José de Sucre y Alcalá emprendió viaje hacia la Real Audiencia de Charcas. Emitió el Decreto del 9 de febrero de 1825 convocando a las provincias de la Real Audiencia de Charcas a designar representantes que reunidos en una asamblea definieran el futuro de sus tierras libres del yugo español.

Dicha asamblea fue convocada, inicialmente, en Oruro, pero por la habilidad del chuquisaqueño Casimiro Olañeta, el Mariscal Antonio José de Sucre modificó la sede la Asamblea a Charcas donde se reunirían por vez primera el 10 de julio de 1825.  Luego de aquello decidió emprender viaje hacia la culta ciudad de los Charcas. La población de la futura capital de Bolivia se anotició de la llegada del Mariscal y prepararon una serie de actividades para su advenimiento.

Llegó el día, por todos esperado, para recibir al padre de la patria, el gran ciudadano que venía a construir la nueva nación, a reedificar la sociedad y a regenerar al pueblo después de haber roto las cadenas del dominio colonial.

Un chasqui anunció la partida del Mariscal hacia Chuquisaca, todo el vecindario de la antigua zona de San Roque y de toda la ciudad se puso en movimiento y se conformaron comisiones de caballeros, señoras y jóvenes que se organizaron para los decorados y ornamentación de las calles y la plaza de armas. También se organizó la clase popular san roqueña: artesanos, obreros, vivanderas, cocineras y chicheras tomaron a su cargo el armado de arcos con lujosa platería, ramas de molle y flores que engalanaron la calle San Pedro (hoy calle Bustillo), que era la calle de acceso a la ciudad para todo forastero proveniente del sur, de las minas y de Potosí.

"El 30 de abril de 1825 quedó en los anales de la historia de Chuquisaca como un día de imperecedera recordación: el día de la entrada triunfal del vencedor de Ayacucho el gran Mariscal Sucre como fiel testimonio de la popularidad de Sucre y el profundo respeto que inspiraba esa consular y esbelta figura".

La ciudad amaneció aquel 30 de abril vestida de gala y ostentando orgullosa los resplandores de un pueblo rico. Desde las primeras horas de la mañana, cuando el sol apenas alumbraba los tejanos desiguales de las casas y casonas de estilo colonial. La calle San Pedro comenzó a llenarse de gente, todos afanados con los últimos arreglos y detalles. Era conmovedor observar a los niños uniformados y listos para dar la bienvenida al gran hombre que estaba por llegar a la ciudad.

En los días precedentes el pueblo obrero se ocupó de convertir el camino del Tejar en una calle llena de árboles bien podados y adornados con tules y banderas. Y la ornamentación de las calles de San Roque estuvo a cargo de los propios vecinos que demostraron esmero en el arreglo de sus fachadas. De los balcones colgaban tapices y bordados que solo se lucían en ocasiones tan especiales como aquella y de los mástiles de las ventanas se encontraban izados lujosos pliegues de tocuyo simbolizando las banderas de la libertad.

Al final de calle Bustillo, por donde actualmente se ingresa al Cementerio General, esperaba al Mariscal una lujosa carroza que fue adornada con gazas, tules, cintas, blondas, flores y platería.

A media mañana la calle San Pedro estaba tan bien adornada como nunca antes estuvo, parecía un bosque de flores que fue admirado por la población capitalina. "Lástima que aún no se conocía la fotografía para haber conservado tan bello panorama. Seguro tendrán que pasar muchos años para volver a ver semejante arreglo como el que se preparó para esa oportunidad" dice, textual, la descripción realizada en 1925 en el boletín de la antigua Sociedad Geográfica Sucre.

El trayecto desde Potosí fue una constante ovación al gran héroe americano, hasta las más pobres aldeas salieron a saludarlo con regocijo y profunda gratitud. A las doce y media del medio día de aquel 30 de abril un cañonazo disparado desde las alturas de la histórica zona de Santa Ana de La Recoleta anunció al pueblo que la gran comitiva ya habría partido de Yotala. De inmediato los campanarios de los diez y ocho templos de Charcas empezaron a redoblar sus campanas en señal de bienvenida.

La alegría rebosaba en los corazones que palpitaban más rápido inflamados de desesperación por ver al Gran Mariscal. El gentío era tan inmenso que no había espacio ni para un alfiler. Canticos y loas empezaron a escucharse en las esquinas del gran pueblo de antecedentes históricos, de gloriosos títulos, el pueblo de las grandes luchas, el pueblo de la idea de la libertad, el primero de la revolución, el primero en encender la chispa libertaria, en fin, la legendaria Chuquisaca que abría sus puertas al salvador de sus instituciones y lo estrechaba entre sus brazos con el espíritu ardiente de victoria.

Tardó dos horas y media su trayecto desde Yotala. Antonio José de Sucre subió a la carroza que le prepararon vestido con un pantalón blanco con tira azul, casaca azul bordada de plata y morrión rojo con plumaje azul y blanco. A su diestra se ubicó el General Arenales y a su izquierda un diputado de Charcas. Por delante un escuadrón de los soldados más selectos de la ciudad se encargaban de abrir paso a la elegante carroza que lentamente avanzaba por debajo de los arcos de platería de la calle San Pedro.

Cuando la carroza llegó a la esquina de la Catedral un grupo de diez vecinos notables le entregaron a Sucre un cojín rojo sobre el cual se encontraba una gran llave de bronce simbolizando que la ciudad le entregaba sus llaves y que el pueblo le abría sus puertas con cariño y admiración. Sucre agradeció aquel gesto, bajó de la carroza y abrió las puertas de la Iglesia en cuyo interior un coro de jovencitas le dio la bienvenida entonando el himno al amor. El libertador, profundamente emocionado, las saludó y continúo su recorrido con una serie de guirnaldas que le colgaron en su cuello.

A las cinco de la tarde llegó el general Sucre al frente de la Casa de la Libertad donde se erigió un gran arco de mucha elevación del que descendió un hermoso cóndor vivo trayendo en el pico y las garras vistosas cintas con inscripciones doradas que decían: "Loor eterno al inmortal Sucre", "Pichincha es victoria, Ayacucho es gloria", "vencer es azaña, libertar es más".

En su alojamiento esperaban al Mariscal Sucre el Cabildo Metropolitano, el clero secular y representantes de las provincias altoperuanas para darle la bienvenida mientras las masas populares, que no querían dispersarse, llegaron hasta el lugar y por la insistencia se les permitió ingresar al patio de la casa de gobierno que se llenó de gentío.

Uno de los testigos oculares de aquella jornada, el ciudadano Jorge Mallo, escribió en su diario: "el día de la llegada del gran general una señora anciana se abrió espacio por entre la multitud hasta llegar donde estaba Antonio José de Sucre cuya diestra besó con religioso fervor diciéndole: Con este beso he soñado toda mi vida". Los primeros días de mayo de ese año Sucre hizo buscar a esa señora, pero no la encontraron.

Al ocaso del día la Catedral Metropolitana fue escenario de un solemne Te Deum concelebrado por el clero secular de Charcas dando la bendición y bienvenida al Gran Mariscal.

La noche del 30 de abril los faroles de la plaza de armas y calles adyacentes se encontraban encendidos cual si fuera fecha cívica y se dejaban sentir los juegos artificiales caseramente realizados mientras se desarrollaban retretas y serenatas que alegraron las fiestas de esa noche. Hasta altas horas de la noche el General Sucre estuvo en el salón del palacio del gobierno recibiendo a los personajes más respetados de la ciudad de Chuquisaca.

Al día siguiente, primero de mayo de 1825, la fiesta por el advenimiento de Sucre a la ciudad de Chuquisaca continuaba y se sirvió un almuerzo de camaradería en gesto de bienvenida a la ciudad que años después llevaría orgullosa su nombre en su honor.

Así se registró en la historia de la ciudad de los cuatro nombres el prolongado acto de bienvenida que se dio al Gran Mariscal Antonio José de Sucre un 30 de abril de 1825, fecha que, bajo ningún concepto, debe pasar al olvido y debe ser recordada siempre de cara al Bicentenario de Bolivia de manera que el 30 de abril de 2025 se cumpla un acto en recordación a ese soberano recibimiento que se hizo a Sucre, uno de los más grandes que se dio en la ciudad. Esta gloriosa fecha del 30 de abril es un tesoro chuquisaqueño.

Nota. - Esta investigación está basada en la acertada y destacada investigación de la Sociedad Geográfica Sucre del año 1925 cuando estaba bajo la dirección del renombrado chuquisaqueño Ricardo Mujía.


jueves, 13 de abril de 2023

Beni Diverso

Con mas de 20 lenguas y dialectos, el Beni es una de las regiones mas diversas del mundo por que cuenta con siete lenguas aisladas únicas en el mundo. que pertenece a seis familias lingüísticas.

La gastronomía de Beni, está ligada generalmente a las fiestas religiosas, es una cocina variada donde se encuentran platos típicos como el ají de panza, elaborado con arroz hervido, charque, yuca y otros ingredientes; pan de arroz, elaborado con harina de arroz, yuca molida y queso; empanada de maíz; cuñape, preparado con harina de yuca; Keperi beniano, plato preparado con carne vació, jugo de limón, pimienta, comino, sal y agua; Surubí al Horno, elaborado con surubí (pez de la región), yuca frita, arroz graneado, ensalada de lechuga y tomate; entre otros.

La riqueza de flora y fauna invitan al turista a disfrutar de ríos y selva, además de la cultura viva de los mojeños, entre sus atractivos están:

Ciudad de la Santísima Trinidad, en todo el departamento del Beni tomar un moto taxi es el medio de transporte singular y distinto a la de otras regiones del país, desde el casco viejo uno puede visitar la capital del Beni.

Ruta del Bufeo, llegando a Puerto Ballivián cerca de Trinidad se encuentra esta ruta donde se puede disfrutar de los delfines rosados, especie endémica de los ríos del amazonas, incluso se puede nadar con ellos.

Laguna Suárez, camino a Loreto se encuentra este atractivo turístico donde se puede hacer deportes acuáticos como motonáutica y disfrutar de los atardeceres más hermosos.

San Ignacio de Moxos, cuenta con una iglesia hecha en 1694, cada año los comunarios se disfrazan de diversos animales desde hace siglos, esta costumbre se sigue conservando y que por ello le vale el título de ‘Capital Folclórica de Beni’ y su fiesta patronal, la Ichapekene Piesta, declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

Rurrenabaque, conocida también como la “Perla Turística del Beni”, es la entrada a la amazonia donde se puede realizar diferentes actividades desde aquí como paseos en bote por Río Beni hasta el Parque Madidi en el departamento de La Paz y vista a los miradores desde donde se puede disfrutar de las fantásticas llanuras del departamento.

Pampas del Yacuma, desde Rurrenabaque se puede visitar y pernoctar en albergues Eco Turísticos las bondades de la flora y fauna realizando caza fotográfica de monos, cocodrilos, aves, nadar con los delfines rosados y con suerte ver al imponente jaguar o a la enorme anaconda.

Riberalta, desde donde se puede ver los resquicios de la historia de la guerra del Acre, fronteriza con la República Federativa del Brasil.

Richard Ilimuri - Internet

lunes, 3 de abril de 2023

Chola: la ropa que tiene origen española

Sobre la ropa de la mujer hoy llamada "Chola", la misma es originaria de la región de Castilla y León de España (ver fotografía), la misma palabra proviene de chula, que significa en lo coloquial como "Lindo, bonito, gracioso". En la actualidad decir en España "que chulo estas vestido", significa elegancia.

Por ello la elegancia de la mujer de pueblo, simplemente se denomina 'Chola', don Antonio Paredes Cándia, como tradicionalista escribió el libro "La Chola Boliviana" donde se profundiza muchísimo al respecto.

ORIGEN

 Las tierras americanas fueron parte de una entidad grandiosa llamada Hispanoamérica, y como toda nación se compartieron usos y costumbres, desde las leyes, moneda, religión, así como la comida, música, tradiciones y creencias.

Existen muchas variantes de su uso en la misma España, México, Ecuador, Perú, Bolivia en su mayoría.

Los materiales y decoración varían incluyendo lana de vicuña, alpaca, así como una manta asegurada en la parte delantera, en la ropa de diario, por un gancho y en los días festivos por un “topo” o prendedor de oro.

Dentro el país existen ya de modo recordado y un tanto usual, la característica chola, paceña, cochabambina, potosina, chuquisaqueña y orureña; siempre llevan el cabello largo recogido en dos trenzas, con los siguientes elementos: Blusa con bordados de realce a la prenda, Manta, Con sus característicos flecos y se usan coquetamente sobre los hombros a menudo sujetas con prendedores o topos.

Polleras,  Estas faldas se caracterizan por ser de amplio vuelo y ser plisadas dependiendo de la región pueden variar en largo, material y accesorios​. ​ Adicionalmente, bajo las polleras se llevan enaguas que pueden llevar puntillas y que son también llamadas "mankanchas" en algunas regiones de Bolivia.

Calzado, Los zapatos usados antiguamente, eran botas de caña alta. Confeccionadas por ejemplo en cuero de “cabretilla” el cual era muy suave y de buena presentación.

Sombrero,  Se usa de copa alta y baja, pero se impuso hasta nuestros días el tipo hongo ingles, que fue ofrecido por don Domingo Soligno, a principios del siglo XX.

Joyería, La posición social de una chola, se determinaba por las joyas que portaba. Desde los aretes de perlas, o bellos "faluchos", así como los anillos de oro que turnaban en los dedos, cadenillas y mas de todo los "topos" de oro con monedas de libras esterlinas, que enganchaba en sus mantas; la manta de fina fibra de vicuña era otro exquisito gusto que la hacía sobresalir del resto.

Como país mestizo una gran mayoría tiene el origen de provenir de una abuela chola,

Albina Rodríguez de Patiño (1889–1947), esposa de Simón I. Patiño el magnate del estaño. Era vendedora de coca y comerciante, vendió sus joyas para fomentar la minería su esposo.

Las anónimas RABONAS del Ejercito boliviano, que durante el siglo XIX, acompañaron a los hombres al campo de batalla.

María Barzola.- Mujer minera que murió en una masacre minera.

Petronila Infantes.- Líder sindical que lucho por la chola y sus derechos laborales a principios del siglo XX.

En toda Bolivia, no existe un solo MONUMENTO a la CHOLA BOLIVIANA, si existe a la mujer; pero con ese egoísmo y vergüenza de negar su origen. Son parte de la literatura nacional, son aún un tema no estudiado dentro de su aporte a la construcción nacional.

La pollera fue ridiculizada a partir de los años 70, en el carnaval, por las llamadas "figuras".

El MAS, actualmente pretende decir que es ropa Originaria y no es cierto el atuendo femenino de la chola es mestizo, muy español y NO ES INDIGENA. Por lo que éste atuendo merece respeto, sin que se polítice.

M. Salas A.

Fotografía: Museo del Traje. Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico/ESPAÑA. Año 1905; Castilla y León (Salamanca-Sierra de Francia).