viernes, 16 de enero de 2026

Los Joaquinianos: su transformación en el corazón del Beni

A orillas del río Mamoré, en el corazón del Beni, los Joaquinianos sostienen su identidad entre el agua, la tierra y una vida ya asimilada a la ciudad, donde la tradición indígena convive con la fe católica y la agricultura de subsistencia.

Las aguas del río Mamoré no solo atraviesan el territorio beniano, también marcan el ritmo cotidiano de los Joaquinianos. En sus orillas se levanta el espacio vital de esta etnia, organizada principalmente en torno a la familia nuclear: el padre, la madre y los hijos, unidos por la tierra, el río y una historia que ha ido adaptándose al paso del tiempo.

Desde hace varias décadas, los Joaquinianos han sido asimilados casi por completo a la vida citadina y a la sociedad occidental. San Joaquín, en el Beni, se convirtió en el centro de ese proceso, donde el catolicismo se arraigó como base de su credo. En años recientes, sin embargo, cultos protestantes han ganado presencia, diversificando las expresiones de fe de la comunidad.

En algunas comunidades aledañas persiste la memoria de un origen vinculado a Brasil. Se dice que de allí proviene su dominio del portugués, que en ciertos casos supera al español. No obstante, su lengua originaria sigue siendo el arawak, testimonio vivo de una herencia cultural que resiste, aunque de manera silenciosa, a la homogeneización.

La economía de los Joaquinianos se sostiene principalmente en la agricultura. Practican también la caza y la recolección de frutos amazónicos como la castaña y el palmito, actividades que complementan su dieta y su subsistencia. La agricultura se desarrolla bajo el sistema de barbecho, trabajando la tierra solo en determinadas épocas del año.

La falta de tierras suficientes y la imposibilidad de rotación o descanso del suelo limitan la producción. Casi todo lo que se cultiva se destina al autoconsumo y, únicamente cuando existen excedentes, estos se venden o intercambian con vecinos “blancos” y comerciantes que llegan desde San Joaquín, San Ramón, Santa Ana del Yacuma y Guayaramerín.

En el corazón de la Amazonía boliviana, las actividades de los Joaquinianos se desarrollan de manera cada vez más restringida. La presencia de pequeños asentamientos de personas de múltiples naciones en los alrededores reduce el espacio y las oportunidades, obligando a esta etnia a adaptarse continuamente.

Así, los Joaquinianos siguen viviendo entre el río y la ciudad, entre la memoria indígena y la vida moderna, dejando que el Mamoré continúe siendo testigo silencioso de su persistencia y transformación.

Texto y foto: Richard Ilimuri