viernes, 9 de enero de 2026

Los Chimanes: la cultura que castiga la ira con el monte

La prohibición del enojo, el fuerte sentido familiar y una cosmovisión marcada por divinidades fundadoras distinguen al pueblo chimán, una cultura amazónica que preserva su identidad a travé
s de la convivencia comunitaria, el respeto a la naturaleza y la transmisión de saberes ancestrales.

En las comunidades chimanes, la organización social gira en torno a la familia nuclear, integrada por parientes directos, aunque articulada con otras familias emparentadas. Este entramado social permite la convivencia y el apoyo mutuo, pilares fundamentales para la supervivencia cultural de este pueblo amazónico.

Una de las normas más singulares de la cultura chimán es la prohibición del enojo. Para ellos, la ira atrae la mala suerte e incluso puede provocar la muerte. Cuando algún integrante de la comunidad se deja dominar por este sentimiento, es enviado al monte por un tiempo, hasta recuperar la calma y restablecer el equilibrio espiritual.

Antes de los procesos de evangelización, la poligamia era una práctica aceptada: los varones podían casarse con dos hermanas o con varias mujeres. Los asentamientos, por lo general pequeños, están formados por un solo grupo de viviendas, habitadas por personas unidas por lazos de parentesco cercano, lo que refuerza la cohesión social.

El matrimonio también cumple una función territorial. Los chimanes suelen casarse entre miembros de su propio pueblo como una forma de proteger sus tierras. Una vez consolidada la unión, la nueva pareja se establece en el lugar de residencia de la familia materna de la mujer, bajo un sistema conocido como gineco–estático. En la vida cotidiana, en las reuniones y en los eventos internos, el idioma nativo chimán sigue siendo la lengua predominante.

Las viviendas tradicionales, conocidas como pahuichis, son construidas con palmeras extraídas del monte y transportadas hasta el lugar de asentamiento. La instalación de los techos se realiza de manera comunitaria. Si bien en el pasado esta tarea estaba reservada únicamente a los hombres, hoy participan las mujeres y toda la familia, reflejando cambios paulatinos en la organización del trabajo.

La cosmovisión chimán se sustenta en la creencia en Dojity y Micha, divinidades hermanas —uno travieso y el otro formal— a quienes atribuyen la fundación del mundo, la creación del ser humano, la flora y la fauna. El respeto por estas creencias se manifiesta en el profundo vínculo con la naturaleza, así como en el conocimiento de la medicina natural y en la destreza artesanal, especialmente en tejidos de jatata, algodón y fibra vegetal.

La economía chimán se basa principalmente en la pesca, la recolección de frutos y fibras vegetales. En sus chacos cultivan alimentos como yuca, arroz, plátano, tomate, caña de azúcar y palta. También siembran tabaco y algodón, productos que complementan su subsistencia y fortalecen su autosuficiencia.

Entre normas que buscan la armonía espiritual y prácticas que preservan su identidad, los chimanes continúan defendiendo una forma de vida en equilibrio con la selva, donde la calma, la familia y la tradición son la base de su existencia.

Texto y foto: Richard Ilimuri