sábado, 6 de diciembre de 2025

Apolo: historia de resistencia, misiones y tres fundaciones

Apolo

Apolo, norte de La Paz.

La historia de Apolo se remonta a la época colonial y a las misiones religiosas, en un territorio marcado por la resistencia indígena y los constantes intentos de dominio externo. Aguachiles, Lecos y Apolistas protagonizaron una férrea defensa de su independencia, resistiendo tanto la expansión incaica como la posterior invasión de los colonizadores españoles.

Este proceso histórico estuvo atravesado por enfrentamientos, alianzas y luchas armadas, entre las que destaca la figura del guerrillero indígena leco Santos Pariamo, símbolo de la resistencia local frente al dominio colonial. Apolo no solo fue un escenario de evangelización, sino también de rebeldía y reafirmación cultural.

En la época colonial, el territorio formaba parte de la extensa provincia de Caupolicán, hoy provincia Franz Tamayo, cuyo dominio se extendía incluso hasta regiones del actual departamento del Beni, lo que demuestra la importancia estratégica y geográfica de la zona.

La danza de los lecos
Las tres fundaciones de Apolo

La actual población de Apolo es el resultado de tres fundaciones históricas, cada una reflejo de un momento distinto del proceso colonizador y misional.

Primera fundación (1587)

El 29 de septiembre de 1587, el gobernador Juan Álvarez Maldonado fundó el asentamiento bajo el nombre de San Miguel de Apolobamba. Durante este periodo se reconoce la valentía de los indígenas Aguachiles, quienes protagonizaron una fuerte resistencia. Según los registros, el pueblo fue edificado en apenas tres meses.

Segunda fundación (1615)

El 10 de agosto de 1615, el asentamiento fue refundado como el pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe, también conocido como Nuestra Señora de la Concepción de Apolobamba, en el marco del avance misional y administrativo de la colonia.

Tercera y definitiva fundación (1690)

La fundación definitiva ocurrió el 8 de diciembre de 1690, cuando el misionero franciscano Pedro Sáenz de Mendoza estableció el pueblo de Nuestra Señora de la Limpia y Purísima Concepción de Apolobamba. Esta nueva etapa se consolidó sobre una base social conformada principalmente por indígenas Lecos, Apolistas y Aguachiles, dando origen a la población que hoy se conoce como Apolo.

Un legado vivo

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Apolo es hoy un territorio donde la historia colonial, la resistencia indígena y la herencia misional conviven en la memoria colectiva. Su pasado, marcado por la lucha, las refundaciones y la diversidad cultural, sigue siendo un pilar fundamental de la identidad del norte paceño.

Texto y foto: Richard Ilimuri

martes, 2 de diciembre de 2025

Papaya Salvietti: la gaseosa centenaria que mezcla historia, leyenda y sabor boliviano

Innovación industrial y una leyenda

Con más de 104 años de historia, Papaya Salvietti no es solo una gaseosa: es un símbolo cultural boliviano. Su origen combina emprendimiento, innovación industrial y una leyenda popular protagonizada por un duende que, según el relato, guarda el secreto de su inconfundible sabor.

Un inmigrante, una fruta y una visión

La historia de Papaya Salvietti comienza en 1918,
cuando Dante Salvietti, un inmigrante italiano, llegó a Bolivia en busca de nuevas oportunidades. Durante sus recorridos por las fértiles tierras de los Yungas, descubrió la papaya, una fruta exótica que despertó su curiosidad y se convertiría en la base de una bebida innovadora para la época.

Con una mentalidad emprendedora y un enfoque casi científico, Salvietti comenzó a experimentar con frutas locales, agua natural y una combinación de ingredientes que permanecen en secreto hasta hoy.

Innovación embotellada

En 1920, lanzó al mercado una gaseosa pionera conocida inicialmente como “Champan Cola”, embotellada en vidrio importado desde Inglaterra, un avance tecnológico poco común en aquellos años. Con el tiempo, la fórmula evolucionó y la bebida fue rebautizada como Papaya Salvietti, logrando una rápida aceptación y posicionándose como una de las marcas más reconocidas del país.

El duende y el mito que marcó la marca

Junto a los datos históricos, la marca está rodeada de una leyenda que ha pasado de generación en generación. Se dice que, durante un paseo por el Bosquecillo de Pura Pura, en La Paz, Dante Salvietti encontró a un duende atrapado entre los matorrales. Al liberarlo, el pequeño ser le ofreció una receta secreta que garantizaría el éxito de la gaseosa, a cambio de que su imagen apareciera en cada botella.

Así nació el icónico duende barbado, con sombrero puntiagudo y traje de gnomo, ordeñando una papaya como si fuera una vaca. Esta imagen se convirtió en el sello visual de Papaya Salvietti y acompañó a la marca hasta 1995, cuando la empresa enfrentó una crisis financiera.

Caída y resurgimiento de una tradición

El cierre de la empresa en 1995 marcó un momento difícil, pero no el final de la historia. Años después, Papaya Salvietti regresó al mercado, recuperando su sabor original y el entrañable duende, reafirmando su lugar en la memoria colectiva y en el paladar de los bolivianos.

Presente industrial y proyección futura

Actualmente, la fábrica principal de Salvietti, ubicada en Sucre, opera con tecnología moderna que incluye sistemas de tratamiento de agua, maquinaria de embotellado y etiquetado. La planta genera empleo para más de 70 personas, entre trabajadores directos y choferes, y proyecta ampliar su oferta con nuevos tamaños y presentaciones para responder a un mercado en constante evolución.

Un legado que sigue vivo

Más de un siglo después de su creación, Papaya Salvietti continúa siendo un símbolo de identidad, tradición e ingenio boliviano. Una gaseosa que no solo se bebe, sino que se recuerda; una historia que mezcla realidad y leyenda, y que sigue viva en cada botella.

Texto y foto: Richard Ilimuri INTERNET

viernes, 22 de agosto de 2025

Chochís, joya natural y espiritual del oriente boliviano

Entre imponentes formaciones rocosas y una naturaleza que parece esculpida por el tiempo, Chochís se consolida como uno de los paisajes más espectaculares de Santa Cruz, combinando patrimonio, fe y belleza natural en el corazón del municipio de Roboré.

Ubicada a 360 kilómetros al este de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, la localidad de Chochís es uno de los destinos más singulares del oriente boliviano. Se puede acceder por vía terrestre a través de la carretera bioceánica en aproximadamente cinco horas, o por vía férrea en un recorrido de nueve horas, atravesando escenarios naturales de gran riqueza paisajística.

Entre sus principales atractivos destacan el majestuoso cerro de Chochís, una imponente formación rocosa que domina el horizonte, y el Santuario Mariano de la Torre, símbolo de devoción y punto de peregrinación que se integra armónicamente con el entorno natural.

Declarada Patrimonio Cultural, Natural e Histórico del Departamento de Santa Cruz, Chochís resguarda no solo un legado arquitectónico y espiritual, sino también un paisaje único. La región está rodeada de altas mesetas cubiertas de verde vegetación, asentadas sobre cerros abruptos y acompañadas por solitarios torreones de roca árida, creando un contraste visual que cautiva a visitantes nacionales y extranjeros.

Este destino, aún poco explorado, se proyecta como un espacio ideal para el turismo cultural, religioso y de naturaleza, reafirmando a Chochís como una joya viva del patrimonio cruceño.

Puntos Clave de Chochís:

Chochís es un pintoresco pueblo en la región de la Chiquitanía boliviana (Santa Cruz), famoso por su impresionante Torre de David, un monolito rojizo que domina el paisaje, y su Santuario Mariano en la base, construido tras un milagro de inundaciones en 1979. Ofrece una rica experiencia natural y cultural, con senderos ecoturísticos, cascadas como el Velo de la Novia, y expresiones del arte chiquitano en sus tallados de madera, siendo un destino de aventura y naturaleza.

Torre de David: Un gigantesco monolito de arenisca roja, icónico de la zona, que atrae a visitantes por su forma y altura.

Santuario de Chochís: Dedicado a la Virgen de la Asunta, es una obra de arte chiquitano con hermosos tallados en madera, erigido en gratitud por un suceso milagroso.

Naturaleza y Aventura: Senderos como el "Gorila Chiquitano", pozas naturales, cañones y vistas espectaculares son parte de la experiencia.

Cultura Chiquitana: El pueblo celebra su herencia con celebraciones patronales y un arte local distintivo.

¿Qué hacer en Chochís?

Visitar el Santuario Mariano y la base de la Torre de David.

Recorrer senderos ecológicos y disfrutar de las pozas de agua.

Explorar la cascada "El Velo de la Novia".

Conocer la cultura local y su gastronomía.

Chochís es un destino que combina belleza natural, fe y tradición en el corazón de la Chiquitanía boliviana, considerado uno de sus mayores tesoros.

Richard Ilimuri