lunes, 15 de diciembre de 2025

El pico del tucán: un “radiador natural” que desafía las apariencias

Aunque a simple vista parece desproporcionado y pesado, el pico del tucán es una de las adaptaciones más eficientes del reino animal, diseñado para regular la temperatura corporal y facilitar la vida del ave en las selvas tropicales.

El llamativo pico del tucán, símbolo inconfundible de las
aves tropicales, esconde un sofisticado mecanismo biológico. Lejos de ser una carga, su estructura es liviana y está formada por un entramado de cavidades internas que reducen su peso y lo convierten en una herramienta clave para la supervivencia.

Investigaciones científicas han demostrado que este pico funciona como un verdadero “radiador natural”. Gracias a una compleja red de vasos sanguíneos, el tucán puede regular la cantidad de sangre que fluye hacia el pico, liberando el exceso de calor corporal y manteniendo estable su temperatura, incluso en los climas más calurosos de la selva.

Pero su utilidad no se limita al control térmico. El pico también cumple un papel fundamental en la alimentación, permitiéndole alcanzar frutos lejanos sin necesidad de moverse entre las ramas. Además, es un instrumento de defensa y un medio de comunicación visual con otros miembros de su especie.

Así, el tucán ofrece un claro ejemplo de cómo la evolución logra unir estética y funcionalidad. Su colorido pico no es solo un rasgo ornamental, sino una sofisticada adaptación que le permite mantenerse fresco, ágil y plenamente adaptado a la vida en los bosques tropicales.

Texto y foto: Richard Ilimuri - Internet

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Bolivia registra el mayor yacimiento de huellas de dinosaurios del mundo en Toro Toro

Parque Nacional Torotoro, Potosí — Un equipo internacional de paleontólogos certificó el hallazgo de más de 16.600 huellas fosilizadas de dinosaurios en el sitio paleontológico de Carreras Pampa, dentro del Parque Nacional Torotoro,
consolidándolo como el registro de huellas más abundante del mundo registrado hasta ahora.

Un tesoro paleontológico bajo los Andes bolivianos

Durante varias campañas de investigación que abarcaron años de trabajo de campo, científicos de Bolivia y del extranjero, liderados por el paleontólogo Raúl Esperante del Instituto de Investigación en Geociencias de la Universidad de Loma Linda (EE. UU.), documentaron 16.600 huellas tridáctilas pertenecientes principalmente a dinosaurios terópodos —bípedos de tres dedos— que caminaron por una antigua costa hace más de 66 millones de años, en el Cretácico Superior.

El yacimiento no solo exhibe huellas de paso, sino también hasta 1.378 rastros de nado, marcas de arrastre de cola y otras impresiones que apuntan a interacciones de estos animales con zonas de agua somera y sedimentos blandos.

Más que pisadas: ventanas a comportamientos prehistóricos

Las impresiones se hallan en una superficie de alrededor de 7.400 metros cuadrados, con huellas que varían en tamaño, reflejando individuos de distintas edades y tamaños. La presencia de patrones paralelos de trazos sugiere que algunos dinosaurios se desplazaban en grupos y en zonas cercanas a cuerpos de agua.

A diferencia de sitios con fósiles óseos, en Carreras Pampa predominan los icnofósiles (huellas), mientras que restos esqueléticos son extremadamente raros debido a las condiciones sedimentarias que favorecieron la preservación de las huellas pero no de los huesos.

Un récord mundial y un llamado a la conservación

Especialistas han destacado que este sitio supera en número de escenas icnológicas a otros puntos conocidos, incluso por encima de Cal Orck’o en Sucre, otro afamado yacimiento boliviano, que tiene miles de huellas pero en menor cantidad registrada científicamente.

El estudio fue publicado en la revista PLOS One, donde los investigadores describen la diversidad de morfologías y trazos, así como la importancia de este “superconjunto” para reconstruir movimientos y comportamientos de estos dinosaurios en su ambiente.

Texto y foto: Richard Ilimuri-Internet

sábado, 6 de diciembre de 2025

Apolo: historia de resistencia, misiones y tres fundaciones

Apolo

Apolo, norte de La Paz.

La historia de Apolo se remonta a la época colonial y a las misiones religiosas, en un territorio marcado por la resistencia indígena y los constantes intentos de dominio externo. Aguachiles, Lecos y Apolistas protagonizaron una férrea defensa de su independencia, resistiendo tanto la expansión incaica como la posterior invasión de los colonizadores españoles.

Este proceso histórico estuvo atravesado por enfrentamientos, alianzas y luchas armadas, entre las que destaca la figura del guerrillero indígena leco Santos Pariamo, símbolo de la resistencia local frente al dominio colonial. Apolo no solo fue un escenario de evangelización, sino también de rebeldía y reafirmación cultural.

En la época colonial, el territorio formaba parte de la extensa provincia de Caupolicán, hoy provincia Franz Tamayo, cuyo dominio se extendía incluso hasta regiones del actual departamento del Beni, lo que demuestra la importancia estratégica y geográfica de la zona.

La danza de los lecos
Las tres fundaciones de Apolo

La actual población de Apolo es el resultado de tres fundaciones históricas, cada una reflejo de un momento distinto del proceso colonizador y misional.

Primera fundación (1587)

El 29 de septiembre de 1587, el gobernador Juan Álvarez Maldonado fundó el asentamiento bajo el nombre de San Miguel de Apolobamba. Durante este periodo se reconoce la valentía de los indígenas Aguachiles, quienes protagonizaron una fuerte resistencia. Según los registros, el pueblo fue edificado en apenas tres meses.

Segunda fundación (1615)

El 10 de agosto de 1615, el asentamiento fue refundado como el pueblo de Nuestra Señora de Guadalupe, también conocido como Nuestra Señora de la Concepción de Apolobamba, en el marco del avance misional y administrativo de la colonia.

Tercera y definitiva fundación (1690)

La fundación definitiva ocurrió el 8 de diciembre de 1690, cuando el misionero franciscano Pedro Sáenz de Mendoza estableció el pueblo de Nuestra Señora de la Limpia y Purísima Concepción de Apolobamba. Esta nueva etapa se consolidó sobre una base social conformada principalmente por indígenas Lecos, Apolistas y Aguachiles, dando origen a la población que hoy se conoce como Apolo.

Un legado vivo

Aten
Apolo es hoy un territorio donde la historia colonial, la resistencia indígena y la herencia misional conviven en la memoria colectiva. Su pasado, marcado por la lucha, las refundaciones y la diversidad cultural, sigue siendo un pilar fundamental de la identidad del norte paceño.

Texto y foto: Richard Ilimuri