En el siglo XV, a los pies del Cerro Rico de Potosí, se libró una de las batallas más cruentas del mundo andino. El reino Qhara Qhara, aliado con el Imperio Inca, enfrentó a los guaraníes que durante siglos avanzaron desde el oriente en busca de tierras y, sobre todo, de las fabulosas minas de plata de Porco, Potosí y Andacaba. El escenario fue Cantumarca, en plena Villa Imperial, donde la guerra dejó miles de muertos y marcó el destino de la región.
Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, en su Historia de la Villa Imperial de Potosí, dejó constancia de aquel episodio que estremeció a los pueblos de Charcas. Según su relato, los guaraníes irrumpieron en el siglo XV con una violencia imparable: arrasaron poblados, sometieron territorios y avanzaron hasta Cantumarca, donde acamparon en las faldas mismas del Cerro Rico, decididos a apropiarse de las riquezas del reino Qhara Qhara.
La amenaza era
directa. Las minas de plata —Porco, Potosí y Andacaba— no solo representaban
riqueza, sino poder. Ante el peligro, el Inca Huayna Cápac acudió personalmente
con su gran ejército y estableció su campamento en Tarapaya. Desde el sur, el
rey Qhara Qhara llegó desde Macha para defender su territorio ancestral. La
alianza estaba sellada por la urgencia y la sangre.
El primer choque
fue devastador. Desde Tarapaya, los aliados enviaron a uno de los hijos del rey
Qhara Qhara al mando de 4.000 soldados hacia Cantumarca. Pero los guaraníes ya
los esperaban. La emboscada fue feroz: la primera batalla terminó en derrota
para los incas y sus aliados. Doscientos guerreros incas murieron en el campo y
el resto huyó de regreso a Tarapaya, llevando consigo el mensaje del desastre.
La respuesta no
tardó. Herido en su orgullo y consciente del peligro que significaba aquella invasión,
Huayna Cápac salió con el grueso de sus colosales tropas. La segunda batalla
fue decisiva y aún más sangrienta. Según Arzáns, cerca de 6.000 guaraníes
cayeron bajo las armas del ejército incaico, y los sobrevivientes huyeron hacia
las montañas de los Charcas, abandonando su intento de controlar Cantumarca y
el Cerro Rico.
La victoria fue
total. El rey Inca y el rey Qhara Qhara ingresaron juntos a Cantumarca, no como
conquistadores, sino como defensores del territorio. El pueblo los recibió con
aclamaciones y festejos, celebrando no solo el triunfo militar, sino la
preservación de sus tierras y de una riqueza que, siglos después, cambiaría la
historia del mundo.
Así, en
Cantumarca, entre polvo, sangre y plata, se selló una de las páginas más
violentas y menos conocidas de la historia andina: la batalla que frenó el
avance guaraní y consolidó, por un tiempo, el dominio del Qhara Qhara y del
Imperio Inca sobre el corazón mineral de Potosí.
