Cuando llegaron otros pueblos queriendo dominar estas tierras, primero los incas y después los españoles, los habitantes de Apolo no se rindieron fácilmente. Resistieron con coraje y cuidaron su libertad durante generaciones.
En ese tiempo, el territorio era tan grande que formaba parte de la antigua provincia de Caupolicán, que se extendía hasta las tierras bajas del actual Beni. Era una región importante y difícil de conquistar.Entre los defensores del territorio se recuerda a Santos Pariamo, un indígena leco que luchó como guerrillero para proteger a su pueblo. Su nombre quedó en la memoria como símbolo de valentía y amor por la tierra.
Las tres
fundaciones de Apolo
La historia de Apolo es especial, porque el pueblo fue fundado tres veces.
La primera fundación ocurrió el 29 de septiembre de 1587. El lugar se llamó San Miguel de Apolobamba y fue creado por el gobernador Juan Álvarez Maldonado. El pueblo se construyó en solo tres meses, pero los Aguachiles siguieron resistiendo y defendiendo su territorio.
La segunda fundación fue el 10 de agosto de 1615. Esta vez, el pueblo se llamó Nuestra Señora de Guadalupe, también conocido como Nuestra Señora de la Concepción de Apolobamba. Aunque cambió el nombre, la lucha y el espíritu del lugar seguían vivos.
La tercera y definitiva fundación ocurrió el 8 de diciembre de 1690. El misionero franciscano Pedro Sáenz de Mendoza fundó el pueblo con el nombre de Nuestra Señora de la Limpia y Purísima Concepción de Apolobamba. En esta etapa, el pueblo se formó principalmente con indígenas Lecos, Apolistas y Aguachiles, dando origen al Apolo que conocemos hoy.
Un pueblo que sigue vivoCon el paso del
tiempo, Apolo creció. Aprendió nuevas costumbres, pero nunca olvidó sus raíces.
Las tradiciones, las historias y la memoria de sus antepasados siguieron
pasando de generación en generación.
Hoy, Apolo es un pueblo que recuerda a quienes lucharon por su tierra y su libertad. Por eso se dice que Apolo fue fundado tres veces, pero su espíritu valiente nació una sola vez y nunca desapareció.
Hoy, Apolo no es solo un punto en el norte paceño. Es una tierra que guarda la huella de quienes resistieron, de quienes cayeron y de quienes persistieron. Una tierra que fue fundada tres veces, pero que nunca fue conquistada del todo.
textoy foto: Richard Ilimuri - Internet








