Los guaraníes, asentados en Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca, enfrentan el reto de preservar su cultura tras siglos de resistencia y discriminación. Entre la memoria de la batalla de Kuruyuki y la Guerra del Chaco, hoy buscan recuperar su lengua, sus costumbres y su autonomía.
Un pueblo marcado por la resistencia
Históricamente conocidos como chiriguanos por los españoles, los guaraníes se distinguieron por su férrea oposición a la conquista incaica y luego a la colonización. Durante siglos protagonizaron enfrentamientos para defender sus territorios y absorber esclavos de pueblos vecinos como los chané. Solo a finales del siglo XIX fueron derrotados por el ejército boliviano, un episodio que marcó el inicio de una etapa de sometimiento y exclusión.
Migración y pérdida cultural
En las últimas décadas, la migración de los jóvenes hacia las ciudades en busca de empleo dispersó a la población. Con ello, se fueron perdiendo rasgos distintivos como la lengua y la vestimenta tradicional. Su cosmovisión, sin embargo, sigue vigente: la vida terrenal es concebida como un tránsito hacia la “tierra ideal”.
Costumbres y rituales
El antropólogo Milton Vallejo ha documentado prácticas que aún sobreviven, como el uso de collares elaborados con dientes de animales cazados e incluso partes insólitas como penes de tejón y armadillo.
La caza, realizada en lugares como Yacuiba y Aguaragüe, es exclusiva de los hombres y se acompaña de rituales nocturnos. Los cazadores creen que cada animal es un regalo de los Iyas, espíritus socios de la naturaleza. Las mujeres, por su parte, asumen las tareas domésticas y sostienen la religiosidad a través de los chamanes, quienes se comunican con el mundo sobrenatural.
Organización social y liderazgo
La autoridad se transmite de manera hereditaria. El cargo máximo es el de capitán grande, una especie de gobernador que reúne comunidades y asentamientos. En lo familiar, los matrimonios entre primos fueron comunes en el pasado, aunque hoy la familia extensa sigue siendo el núcleo de cohesión.
Economía y autonomía
Los guaraníes fueron pioneros en exigir autonomía a principios del siglo XX, conscientes de la amenaza que representaban los colonos sobre sus territorios. Su economía se sostiene en la agricultura, la crianza de animales, la caza, la pesca y la artesanía. No obstante, muchas familias continúan trabajando en haciendas bajo condiciones de explotación, aunque se autodenominan Iyambaes: hombres libres.
Memoria y futuro
Las cicatrices de la batalla de Kuruyuki y de la Guerra del Chaco aún pesan sobre la memoria colectiva. En medio de las secuelas del racismo y la migración, los guaraníes buscan hoy recuperar su identidad, reafirmar su lugar en la historia boliviana y mantener viva la cosmovisión que los ha sostenido durante siglos.