jueves, 16 de abril de 2026

La mirada: Crónica de los llanos de Mojos

Una pareja de itonamas, retratada con serenidad en medio de un paisaje que parecía infinito. La fotografía, más que un registro, es una ventana a un mundo donde la vida se tejía al ritmo de la naturaleza.

Los llanos de Mojos, con sus ríos serpenteantes y su vegetación exuberante, eran el escenario cotidiano de los itonamas. Allí, la agricultura se practicaba con paciencia y conocimiento ancestral, aprovechando los ciclos de inundación y sequía. La caza y la pesca completaban la dieta y reforzaban la relación íntima con el entorno. Cada jornada estaba marcada por el trabajo colectivo y por la certeza de que la tierra y el agua eran más que recursos: eran parte de la identidad.

En este universo, el arte del tejido ocupaba un lugar central. Los itonamas elaboraban miel de caña, cestos de múltiples formas y usos: el canasto, resistente y práctico para transportar alimentos; el abanico, ligero y delicado, que aliviaba el calor de la llanura; y el yusehue, pieza que combinaba utilidad y belleza. Cada fibra trenzada era también un relato, una forma de transmitir saberes de generación en generación.

La imagen congelada en blanco y negro, nos recuerda que detrás de cada rostro indígena hay una historia de resistencia y continuidad. Los itonamas no solo sobrevivieron en un entorno desafiante, sino que construyeron una cultura rica en símbolos, prácticas y significados. Su vida cotidiana, marcada por la armonía con la naturaleza, contrasta con la modernidad que poco a poco fue transformando los llanos.

Hoy, más de un siglo después, la fotografía sigue siendo testimonio de un tiempo en que los pueblos amazónicos vivían en estrecha comunión con su territorio. Es también un recordatorio de que esas tradiciones —la agricultura, la pesca, el tejido— no han desaparecido, sino que persisten como raíces que sostienen la identidad de los itonamas en el Beni contemporáneo.

Texto y foto: Richard Ilimuri