martes, 7 de abril de 2026

Los Cayubaba: de la evangelización a la pérdida de su cosmovisión

Considerados salvajes hasta inicios del siglo XX, los Cayubaba fueron transformados por la evangelización jesuita. Hoy, entre la dispersión cultural y la asimilación religiosa, mantienen vivas sus habilidades agrícolas, pesqueras y artesanales, aunque su organización social tradicional ha desaparecido.

Agricultores y pescadores por excelencia

La característica innata de los Cayubaba es su destreza como labradores. Cultivan maíz, maní y yuca, y se destacan como hábiles pescadores, utilizando canastas cónicas que arrojan al río a manera de red.
Las mujeres elaboran el tradicional chivé, derivado de la yuca o mandioca, y se distinguen como artesanas en cerámica, tejidos y textiles de algodón. Los hombres, en cambio, fabrican ruedas de madera para carretones, cascos, canoas y postes, productos demandados por los ganaderos de las estancias, con quienes mantienen una relación comercial casi exclusiva.

De “salvajes” a católicos

Hasta los albores del siglo pasado, los Cayubaba eran considerados un pueblo salvaje. Sin embargo, en pocas décadas adoptaron valores y prácticas católicas comunes a las sociedades urbanas, producto de la fuerte influencia de la evangelización jesuita. Estudios antropológicos confirman que esta transformación modificó profundamente su identidad cultural.

La desaparición de la organización tradicional

Las formas de organización social ancestral se extinguieron, dando paso a la familia nuclear monogámica como modelo predominante. Solo persisten pequeños clanes en poblados orientales alejados.
Hoy, la organización indígena funciona únicamente como órgano de referencia y consulta para la realización de festividades religiosas, sin el peso político ni comunitario que tuvo en el pasado.

Cosmovisión fragmentada

Los conocimientos sobre su mundo cosmogónico y sobrenatural son insuficientes. La dispersión causada por el avasallamiento de otras culturas provocó la pérdida de sus costumbres sociales tradicionales y de su visión espiritual de la vida. La reconstrucción de su etno-culturalidad sigue siendo una tarea pendiente.

Misiones y dispersión

Al asentarse, los Cayubaba fundaron las misiones de San Carlos, Concepción y Las Peñas. Allí aprendieron artesanías y oficios que los sacerdotes jesuitas consideraban apropiados para los aborígenes.
La expansión del dominio católico los obligó a dispersarse hacia el norte, aunque finalmente siempre terminaban asentados en poblados controlados por religiosos, lo que consolidó su integración a la vida misional.

Texto y foto: Richard Ilimuri