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Creada en 1989 y con más de 246.000 hectáreas, la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía protege bosques nublados y yungas andinos, alberga más de 800 especies de flora y 400 de fauna, y garantiza agua para ríos vitales como el Bermejo y el Grande. Su importancia ecológica y cultural la convierte en un patrimonio estratégico para Bolivia.
Sin embargo, la posibilidad de ingreso de empresas petroleras ha abierto un debate sobre el futuro de este espacio protegido. Mientras algunos sectores consideran la explotación de hidrocarburos como una oportunidad económica, comunidades locales y organizaciones ambientales alertan sobre los riesgos para la biodiversidad, el agua y el equilibrio climático.
En este contexto, Tariquía se presenta como un caso emblemático de la tensión entre conservación y desarrollo, donde las decisiones que se tomen marcarán el rumbo de la región y su legado para las futuras generaciones.
