sábado, 11 de abril de 2026

Los Pacahuara: un pueblo al borde de la desaparición

Bose es el ícono de una nación originaria, que murió
 abandonada por el "Estado plurinacional" de Bolivia.
La etnia pacahuara está considerada en riesgo crítico de extinción en Bolivia: según el último Censo del INE, apenas quedan 23 personas qu
e hablan su lengua originaria, la mayoría asentadas en Riberalta (Beni). El Ministerio de Culturas confirma que se trata de uno de los pueblos indígenas con menor población registrada en el piais y enfrenta una inminente extinción. Con apenas unos pocos sobrevivientes, su cultura, organización social y cosmovisión ancestral se desvanecen frente al avance de otras culturas y la falta de reproducción.

Una organización que se desintegró

Según investigaciones antropológicas, los pacahuara se organizaban en familias extensas con matrimonios entre primos cruzados. Su sistema totémico otorgaba independencia a las distintas parcialidades. Con el paso del tiempo, la base social se redujo a la familia nuclear, debilitando la cohesión comunitaria.

Creencias en riesgo

De sus creencias originarias solo quedan fragmentos. La sociedad que les daba continuidad desapareció y la evangelización, aunque intentada por misiones religiosas, nunca se consumó plenamente. Hoy las referencias a su cosmovisión son vagas y dispersas.

Economía de subsistencia

La economía pacahuara se sostiene en la recolección y la agricultura. La castaña y el palmito son sus principales productos: una parte se destina al comercio y otra al consumo familiar. La castaña sirve como materia prima para fabricar jabón casero y aceite, mientras que el palmito constituye una rudimentaria industria local.

La agricultura incluye arroz, maíz, yuca y plátano. La caza y la pesca, junto con la recolección de frutos del monte, siguen siendo vitales para su subsistencia.

Los últimos sobrevivientes

Hoy, el grupo está en proceso de desaparición total. Reportes periodísticos señalan que apenas seis personas, todos hermanos, viven en Puerto Tojorí dedicados a la agricultura. Entre ellos destacaba Bose Yacu, considerada la última pacahuara (falleció diciembre 20212), que conservaba los rasgos culturales originales: mantenía la nariz perforada insertada una tacuara, adornada con plumas rojas de tucán, un collar heredado de su madre y el corte de cabello ancestral con cerquillo.

De la movilidad al asentamiento

En el pasado, los pacahuara se trasladaban constantemente para cazar, pescar y rendir culto a sus dioses. Tras salir del río Negro, perdieron gran parte de sus hábitos culturales y se asentaron en comunidades influenciadas por otras culturas. La dispersión aceleró la pérdida de su identidad.

Datos actuales

De acuerdo con la Confederación Nacional de Naciones Indígenas Originarias de Bolivia (CONNIOB), solo quedan alrededor de 17 miembros pacahuara puros, la mayoría en comunidades cercanas al límite entre Beni y Pando. Su futuro es incierto: la vejez de los sobrevivientes impide la reproducción y la continuidad de la etnia.

Hoy, los pacahuara son considerados uno de los pueblos indígenas bolivianos en mayor riesgo de extinción cultural y demográfica.

Bose Yacu falleció a finales de diciembre de 2012 dejando atrás a sus cinco hermanos que son los últimos pacahuaras.

Censo INE 2025: El pueblo pacahuara cuenta con 23 habitantes que aún hablan su lengua originaria, todos en el departamento de Beni.

Ministerio de Culturas: Los pacahuara están catalogados como uno de los pueblos indígenas en mayor riesgo de extinción cultural y demográfica.

Situación crítica: La vejez de los sobrevivientes impide la reproducción, lo que coloca a la etnia en riesgo de desaparición total en los próximos años.

Bose y Buca Yacu intentaron infructuosamente retornar con su familia-nación a su territorio de Pando en el 2009. El rostro de Bose es el ícono de una nación originaria que murió abandonada por el "Estado plurinacional" de Bolivia.

Artículo 31 de la Constitución Política del Estado Plurinacional:

Las naciones y pueblos indígena originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactados, serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

Texto y foto: Richard Ilimuri - Sol de Pando

martes, 7 de abril de 2026

Los Cayubaba: de la evangelización a la pérdida de su cosmovisión

Considerados salvajes hasta inicios del siglo XX, los Cayubaba fueron transformados por la evangelización jesuita. Hoy, entre la dispersión cultural y la asimilación religiosa, mantienen vivas sus habilidades agrícolas, pesqueras y artesanales, aunque su organización social tradicional ha desaparecido.

Agricultores y pescadores por excelencia

La característica innata de los Cayubaba es su destreza como labradores. Cultivan maíz, maní y yuca, y se destacan como hábiles pescadores, utilizando canastas cónicas que arrojan al río a manera de red.
Las mujeres elaboran el tradicional chivé, derivado de la yuca o mandioca, y se distinguen como artesanas en cerámica, tejidos y textiles de algodón. Los hombres, en cambio, fabrican ruedas de madera para carretones, cascos, canoas y postes, productos demandados por los ganaderos de las estancias, con quienes mantienen una relación comercial casi exclusiva.

De “salvajes” a católicos

Hasta los albores del siglo pasado, los Cayubaba eran considerados un pueblo salvaje. Sin embargo, en pocas décadas adoptaron valores y prácticas católicas comunes a las sociedades urbanas, producto de la fuerte influencia de la evangelización jesuita. Estudios antropológicos confirman que esta transformación modificó profundamente su identidad cultural.

La desaparición de la organización tradicional

Las formas de organización social ancestral se extinguieron, dando paso a la familia nuclear monogámica como modelo predominante. Solo persisten pequeños clanes en poblados orientales alejados.
Hoy, la organización indígena funciona únicamente como órgano de referencia y consulta para la realización de festividades religiosas, sin el peso político ni comunitario que tuvo en el pasado.

Cosmovisión fragmentada

Los conocimientos sobre su mundo cosmogónico y sobrenatural son insuficientes. La dispersión causada por el avasallamiento de otras culturas provocó la pérdida de sus costumbres sociales tradicionales y de su visión espiritual de la vida. La reconstrucción de su etno-culturalidad sigue siendo una tarea pendiente.

Misiones y dispersión

Al asentarse, los Cayubaba fundaron las misiones de San Carlos, Concepción y Las Peñas. Allí aprendieron artesanías y oficios que los sacerdotes jesuitas consideraban apropiados para los aborígenes.
La expansión del dominio católico los obligó a dispersarse hacia el norte, aunque finalmente siempre terminaban asentados en poblados controlados por religiosos, lo que consolidó su integración a la vida misional.

Texto y foto: Richard Ilimuri

viernes, 3 de abril de 2026

Los Guaraníes: resistencia, migración y búsqueda de autonomía

Los guaraníes, asentados en Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca, enfrentan el reto de preservar su cultura tras siglos de resistencia y discriminación. Entre la memoria de la batalla de Kuruyuki y la Guerra del Chaco, hoy buscan recuperar su lengua, sus costumbres y su autonomía.

Un pueblo marcado por la resistencia

Históricamente conocidos como chiriguanos por los españoles, los guaraníes se distinguieron por su férrea oposición a la conquista incaica y luego a la colonización. Durante siglos protagonizaron enfrentamientos para defender sus territorios y absorber esclavos de pueblos vecinos como los chané. Solo a finales del siglo XIX fueron derrotados por el ejército boliviano, un episodio que marcó el inicio de una etapa de sometimiento y exclusión.

Migración y pérdida cultural

En las últimas décadas, la migración de los jóvenes hacia las ciudades en busca de empleo dispersó a la población. Con ello, se fueron perdiendo rasgos distintivos como la lengua y la vestimenta tradicional. Su cosmovisión, sin embargo, sigue vigente: la vida terrenal es concebida como un tránsito hacia la “tierra ideal”.

Costumbres y rituales

El antropólogo Milton Vallejo ha documentado prácticas que aún sobreviven, como el uso de collares elaborados con dientes de animales cazados e incluso partes insólitas como penes de tejón y armadillo.
La caza, realizada en lugares como Yacuiba y Aguaragüe, es exclusiva de los hombres y se acompaña de rituales nocturnos. Los cazadores creen que cada animal es un regalo de los Iyas, espíritus socios de la naturaleza. Las mujeres, por su parte, asumen las tareas domésticas y sostienen la religiosidad a través de los chamanes, quienes se comunican con el mundo sobrenatural.

Organización social y liderazgo

La autoridad se transmite de manera hereditaria. El cargo máximo es el de capitán grande, una especie de gobernador que reúne comunidades y asentamientos. En lo familiar, los matrimonios entre primos fueron comunes en el pasado, aunque hoy la familia extensa sigue siendo el núcleo de cohesión.

Economía y autonomía

Los guaraníes fueron pioneros en exigir autonomía a principios del siglo XX, conscientes de la amenaza que representaban los colonos sobre sus territorios. Su economía se sostiene en la agricultura, la crianza de animales, la caza, la pesca y la artesanía. No obstante, muchas familias continúan trabajando en haciendas bajo condiciones de explotación, aunque se autodenominan Iyambaes: hombres libres.

Memoria y futuro

Las cicatrices de la batalla de Kuruyuki y de la Guerra del Chaco aún pesan sobre la memoria colectiva. En medio de las secuelas del racismo y la migración, los guaraníes buscan hoy recuperar su identidad, reafirmar su lugar en la historia boliviana y mantener viva la cosmovisión que los ha sostenido durante siglos.

Texto y foto: Richard Ilimuri