viernes, 17 de abril de 2026

Picaduras de rayas en ríos bolivianos: un peligro oculto bajo la arena

En las aguas dulces de Bolivia, especialmente en los ríos y lagunas del Beni y el Pando, las rayas de río representan uno de los accidentes más dolorosos y frecuentes para quienes se aventuran a vadear o bañarse en zonas arenosas. Su aguijón venenoso puede causar heridas graves y una
recuperación que se extiende por semanas.

La mayoría de los casos de picaduras de rayas de río en Bolivia ocurre en personas que estaban vadeando un río o una laguna. Estos animales, parientes cercanos de los tiburones, suelen descansar sobre fondos arenosos poco profundos, lo que los hace habituales en playas fluviales. Al caminar por estos lugares, es posible pisar accidentalmente una raya, que responde con un golpe de su cola armada con un aguijón dentado.

Casi el 100% de las heridas se producen en el tercio inferior de las piernas o en los pies. Las rayas pertenecen a la familia Potamotrygonidae y poseen dos púas cerca del extremo de la cola, recubiertas por un tegumento gelatinoso altamente tóxico que se desprende y queda adherido a la herida.
El síntoma predominante es un dolor inmediato, agudo y pulsante, que aumenta en la hora y media siguiente y puede irradiarse a toda la pierna. La herida, además, se caracteriza por desgarros profundos y sangrantes debido a la forma dentada de la púa.

¡Cuidado con las rayas de río!

Las rayas de agua dulce habitan en ríos y lagunas de Bolivia, especialmente en el Beni y el Pando. Suelen esconderse bajo la arena, y al ser pisadas, atacan con su cola armada de un aguijón venenoso.

Primeros auxilios recomendados

-Lavar la herida de inmediato con agua limpia y fría para reducir la absorción del veneno.
-Retirar con pinzas cualquier espina o restos del tegumento gelatinoso.
-Sumergir el miembro afectado en agua caliente (tan caliente como se pueda soportar) durante al menos -30 minutos, ya que el veneno es termolábil y pierde toxicidad con el calor.
-Mantener la pierna elevada y acudir de forma urgente a un centro médico.

El período de recuperación mínimo es de tres semanas, aunque en algunos casos puede extenderse hasta tres meses.

Texto y foto: Richard Ilimuri

jueves, 16 de abril de 2026

La mirada: Crónica de los llanos de Mojos

Una pareja de itonamas, retratada con serenidad en medio de un paisaje que parecía infinito. La fotografía, más que un registro, es una ventana a un mundo donde la vida se tejía al ritmo de la naturaleza.

Los llanos de Mojos, con sus ríos serpenteantes y su vegetación exuberante, eran el escenario cotidiano de los itonamas. Allí, la agricultura se practicaba con paciencia y conocimiento ancestral, aprovechando los ciclos de inundación y sequía. La caza y la pesca completaban la dieta y reforzaban la relación íntima con el entorno. Cada jornada estaba marcada por el trabajo colectivo y por la certeza de que la tierra y el agua eran más que recursos: eran parte de la identidad.

En este universo, el arte del tejido ocupaba un lugar central. Los itonamas elaboraban miel de caña, cestos de múltiples formas y usos: el canasto, resistente y práctico para transportar alimentos; el abanico, ligero y delicado, que aliviaba el calor de la llanura; y el yusehue, pieza que combinaba utilidad y belleza. Cada fibra trenzada era también un relato, una forma de transmitir saberes de generación en generación.

La imagen congelada en blanco y negro, nos recuerda que detrás de cada rostro indígena hay una historia de resistencia y continuidad. Los itonamas no solo sobrevivieron en un entorno desafiante, sino que construyeron una cultura rica en símbolos, prácticas y significados. Su vida cotidiana, marcada por la armonía con la naturaleza, contrasta con la modernidad que poco a poco fue transformando los llanos.

Hoy, más de un siglo después, la fotografía sigue siendo testimonio de un tiempo en que los pueblos amazónicos vivían en estrecha comunión con su territorio. Es también un recordatorio de que esas tradiciones —la agricultura, la pesca, el tejido— no han desaparecido, sino que persisten como raíces que sostienen la identidad de los itonamas en el Beni contemporáneo.

Texto y foto: Richard Ilimuri

miércoles, 15 de abril de 2026

Tariquía: reserva estratégica entre conservación y presión petrolera


La Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, ubicada en Tarija y considerada uno de los pulmones más importantes de Bolivia, enfrenta un escenario complejo: su riqueza natural y función ecológica contrastan con los proyectos de exploración hidrocarburífera que generan debate entre desarrollo económico y conservación ambiental.

Creada en 1989 y con más de 246.000 hectáreas, la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía protege bosques nublados y yungas andinos, alberga más de 800 especies de flora y 400 de fauna, y garantiza agua para ríos vitales como el Bermejo y el Grande. Su importancia ecológica y cultural la convierte en un patrimonio estratégico para Bolivia.

Sin embargo, la posibilidad de ingreso de empresas petroleras ha abierto un debate sobre el futuro de este espacio protegido. Mientras algunos sectores consideran la explotación de hidrocarburos como una oportunidad económica, comunidades locales y organizaciones ambientales alertan sobre los riesgos para la biodiversidad, el agua y el equilibrio climático.

En este contexto, Tariquía se presenta como un caso emblemático de la tensión entre conservación y desarrollo, donde las decisiones que se tomen marcarán el rumbo de la región y su legado para las futuras generaciones.

Texto y foto: Richard Ilimuri-Internet