miércoles, 24 de diciembre de 2025

El Chawi de Coroico: agua que enamora y llama al retorno

Dicen en Coroico que hay un manantial que no solo calma la sed, sino que ata el corazón. El Chawi, vertiente legendaria de los Yungas, guarda historias de amor, guerra y promesas cumplidas: quien bebe de sus aguas, se enamora del pueblo y siempre vuelve.

El camino a los Yungas fue abierto a golpe de pico y cansancio por soldados presos del Paraguay durante los más de tres años que duró la guerra. Entre la neblina, la humedad y la nostalgia, muchos de ellos encontraron algo más fuerte que el exilio: el amor por las mujeres yungueñas y por esta tierra fértil y cálida.

Cuenta la leyenda que uno de esos prisioneros, un tal Jiménez, tenía un ritual al terminar la jornada. Se acercaba al Chawi —entonces una vertiente clara— y, antes de beber, murmuraba una promesa: “Tomo esta agüita del Chawi para que me haga volver de mi país a Coroico y casarme con mi amada coroiqueña”. Terminada la guerra, regresó al Paraguay, pero meses después volvió para cumplir su palabra. Se casó y no retornó nunca más.

Desde entonces, El Chawi es más que agua: es memoria viva y destino turístico, patrimonio cultural de Coroico. Sin embargo, hoy su entorno acusa el descuido. Visitantes y pobladores coinciden en una preocupación: la basura y la falta de cultura ciudadana empañan la magia del lugar y dañan la imagen de los sitios turísticos.


La leyenda persiste: quien bebe del Chawi se enamora de Coroico o de un coroiqueño(a). Cuidarlo es honrar esa historia, para que el agua siga llamando al amor y al retorno.

Texto y foto: Richard Ilimuri-Internet

martes, 23 de diciembre de 2025

Pasto Grande Irupana: un tesoro arqueológico vivo en los Yungas de La Paz

Entre la neblina de los Yungas paceños y los antiguos caminos que conectaron culturas milenarias, el Complejo Arqueológico de Pasto Grande se levanta como uno de los patrimonios históricos más extensos y fascinantes de Bolivia. Ubicado en el municipio de Irupana, este sitio prehispánico —declarado Monumento Nacional y Patrimonio Cultural— invita a viajeros, investigadores y amantes de la historia a recorrer ciudadelas ancestrales, terrazas agrícolas monumentales y paisajes que aún conservan un profundo valor espiritual y cultural.

Pasto Grande ocupa aproximadamente 1.025 hectáreas en el cantón La Plazuela y está conformado por diez antiguas ciudadelas de origen tiahuanacota, organizadas en cuatro sectores. A su alrededor se despliega un impresionante complejo agrícola de más de 250 hectáreas de terrazas con sistemas de riego diseñados para evitar la erosión del suelo, además de depósitos capaces de almacenar hasta 2.000 quintales de producción, evidencia del alto nivel de planificación y conocimiento ancestral.

El sitio fue ocupado entre los años 483 y 1172 d.C., y posteriormente reutilizado por las markas aymaras de Umasuyos y por el Imperio Inca durante los gobiernos de Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac, cuando se reactivó la producción agrícola, especialmente del cultivo de la hoja de coca. En sus alrededores se conservan cerca de veinte caminos preincaicos y estructuras habitacionales de gran tamaño, comparables a las del Cusco, que refuerzan su importancia como nodo estratégico y cultural.

La experiencia turística se complementa con otros espacios de alto valor simbólico, como el Inca Dormido, una imponente formación rocosa considerada un sitio místico y ritual por las comunidades de Lambate, así como otros centros arqueológicos de la región como Marcapata e Inkataca, que fortalecen el circuito cultural de Irupana.

Pasto Grande no es solo un vestigio del pasado, sino un patrimonio vivo que conecta historia, paisaje y espiritualidad. Su puesta en valor representa una oportunidad para el turismo cultural sostenible en los Yungas, invitando a descubrir una Bolivia ancestral aún poco explorada, donde cada piedra guarda la memoria de civilizaciones que supieron convivir con la montaña y la selva.

Texto y foto: Richard Ilimuri-Internet

lunes, 22 de diciembre de 2025

Bolivia, un tesoro vivo de culturas y lenguas ancestrales que enriquecen al mundo

Con 36 naciones y pueblos indígena originario campesinos reconocidos la Constitución, Bolivia se consolida como uno de los países más pluriculturales y diversos del planeta. Sus lenguas, tradiciones y cosmovisiones vivas constituyen un patrimonio humano de valor universal.

La imagen celebra la inmensa diversidad cultural de Bolivia, un país donde conviven tradiciones ancestrales, territorios y cosmovisiones que se mantienen vivas gracias a la presencia de comunidades andinas, amazónicas y afrobolivianas. Esta riqueza convierte al país en uno de los territorios más plurales y sorprendentes de América Latina, donde cada pueblo preserva conocimientos milenarios, formas de vida únicas y expresiones culturales consideradas verdaderos patrimonios de la humanidad.

En la parte izquierda se observan representantes de los pueblos quechua y aymara, herederos de la tradición incaica y de civilizaciones aún más antiguas. Sus vestimentas coloridas, tejidos cargados de simbolismo y profunda conexión con la tierra reflejan una identidad que ha perdurado por siglos. El quechua y el aymara, lenguas ancestrales de los Andes, siguen vivas en millones de voces que transmiten música, relatos orales y saberes comunitarios.

A la derecha destaca la presencia de pueblos amazónicos como los pacahuaras, chimanes, mosetenes y otras naciones indígenas que habitan los vastos territorios de la selva boliviana. Sus idiomas, cantos, rituales y expresiones de arte corporal evidencian una relación profunda y respetuosa con la naturaleza. Son guardianes de bosques, ríos y plantas medicinales, portadores de uno de los conocimientos ecológicos más valiosos del planeta.

En la parte inferior se expresa la fuerza, alegría y resiliencia de la comunidad afroboliviana, cuya herencia cultural se manifiesta en la danza, la música y ritmos tradicionales, así como en expresiones espirituales y gastronómicas que enriquecen la identidad de los Yungas. Su historia es también una historia de resistencia, creatividad y lucha por la libertad.

Bolivia es reconocida constitucionalmente como un Estado Plurinacional, multilingüe y multiétnico. Esta diversidad no solo embellece al país, sino que es fundamental para comprender su gastronomía, su música, su arte y su memoria histórica. Cada lengua originaria es un universo vivo que contiene formas únicas de nombrar el mundo, relacionarse con la vida y transmitir conocimientos acumulados por generaciones.

Actualmente, instituciones públicas, comunidades y organizaciones sociales trabajan para preservar estas lenguas y culturas, muchas de ellas en riesgo de desaparecer. Su protección es un compromiso urgente, pues la pérdida de una lengua implica la desaparición de una forma irrepetible de entender el universo.


Texto y foto: Richard Ilimuri