domingo, 28 de agosto de 2016

Llallagua un pueblo fantasma

Tres mineros revisan la riel del carrocubil
Era fines de la década de 1980. Si bien todas las minas se habían cerrado y vaciado, muchos mineros decidieron quedarse y organizar cooperativas alrededor de los desmontes y de los parajes que ellos mismos conocían. Invirtieron sus finiquitos en comprar palas y picos porque más allá era indudablemente inviable.

Llallagua era un pueblo fantasma. Las casas tenían los vidrios de sus ventanas rotos y uno podía entrar a vivir en ellas sin pagar un solo centavo.

Con el olfato que sólo tienen los empresarios, muchos de ellos migraron a la explotación de oro; ya no estaño porque los precios del mineral estaban muy bajos. Aquella vez el estado abría las puertas a grandes inversores privados, como por ejemplo la Andean Silver Co. que fundó la Empresa Minera Inti Raymi S.A. que produce oro hasta hoy. Los mineros en Oruro y Potosí trabajaban personalmente sus parajes y vendían su producción a rescatistas de mineral asentados en estas dos ciudades. 
Pjalliris, mujeres mineras
En ese entonces, la Federación de Mineros se quedó con un solo afiliado de nombre Edgar Ramírez. Era de esperar que en esas condiciones, los cooperativistas de Oruro buscasen respaldo financiero ¿quién se los dio? ¿Fue la banca privada? no; ¿acaso fue el Banco Central? tampoco; ¿entonces fue la COMIBOL? mucho menos. 
Aunque parezca inverosímil la que brindó apoyo económico a los cooperativistas en Oruro aquellos años fue la Iglesia Católica. Fue la Pastoral Social del Obispado de Oruro que les consiguió algo de capital, pero sobre todo asistencia técnica. Yo recuerdo que acompañé a mi papá a instalar unos motores eléctricos en Iroco (sudoeste de Oruro) para el pequeño Ingenio que una cooperativa aurífera instaló en una empresa que –es cierto- trabajaba a pala y pico. 

Minero boliviano
El apoyo de la Iglesia era obviamente por caridad, pero era el único respaldo que ellos encontraron. Cinco años más tarde, esos mismos trabajadores volvieron a buscar apoyo técnico; pero esta vez montados en una Pick Up, porque los cooperativistas ya tenían capital propio que invertir.
En esos duros años recuerdo algunas ONGs que cumplieron un rol muy importante en la minería de Bolivia como CEPROMIN, CISEP o CARITAS (vinculadas a la iglesia católica).
Como todos sabemos, uno de los factores que desencadenó la quiebra de las minas estatales fue que los Estados Unidos puso a la venta en el mercado mundial sus reservas de estaño que ocasionó el derrumbe de los precios internacionales. 
Ellos aplicaron una regla simple del inversionista: guarda para la época de vacas flacas. Qué irónico, eso mismo piden los cooperativistas hoy: que Vinto les compre su mineral al precio internacional y que Bolivia tenga reservas!!!!

Antes Inti Raymi, hoy Sinchi Wayra o San Cristóbal. El gobierno mezquino sigue apoyando a grandes capitales mineros externos; pero se niega a apoyar a los cooperativistas. Hoy mismo que escribo este artículo, decenas de campesinos dejan de sembrar papas para emplearse como obreros estacionales en cooperativas de Oruro, Potosí o Cochabamba porque ganan mucho más y porque se les emplea con menos burocracia que en COMIBOL, probablemente sin beneficios sociales (exactamente igual que cualquier consultor de cualquier Ministerio). Esto pasa allí. En cambio el famoso “repre” es propio y tradicional en las cooperativas auríferas del norte de La Paz donde el Estado nunca estuvo presente; es más, si escudriñamos seriamente, veremos que muchos actuales funcionarios del gobierno son accionistas de cooperativas mineras auríferas y por supuesto tienen sus “repres” trabajando en condiciones evidentemente deplorables.

Como podemos verificar, lamentablemente en la Bolivia plurinacional se fomenta mucho el enriquecimiento basado en la especulación no en el emprendimiento productivo honesto y todos sabemos que la especulación bordea lo ilegal y que es indudablemente inmoral ya que se aprovecha de la necesidad de la gente. ¿Qué mérito tiene comprar barato y vender caro?.
En Bolivia miles de niños trabajan en las minas en
condiciones intolerables  
No me sorprende la mezquindad ni el extravío del actual gobierno, no. 
Lo que me deja atónito es el silencio de quienes supuestamente creen en la libertad de empresa. Esos intelectuales y empresarios que hoy mismo son caseros “analistas” y perennes entrevistados por periodistas igualmente chatos, quienes sorprendentemente derivan la discusión al uso de la dinamita. ¿Dónde está la denominada “burguesía cruceña”? ¿Son ideales lo que los une o simplemente es viveza criolla? ¿Hasta cuándo seguiremos sufriendo esa odiosa mezquindad, la mezquindad rentista? ¿No es éste un momento propicio para un cambio estructural de la economía y sociedad bolivianas?

ACTUALIDAD
Miles de niños, niñas y adolescentes trabajan en las minas de Bolivia, en condiciones intolerables e inhumanas. La comunidad en general e incluso sus propios padres ignoran la magnitud de los daños y el alcance real del problema del trabajo infantil en las minas.

En la actualidad, varias organizaciones nacionales e internacionales trabajan por la lucha contra el trabajo infantil en Bolivia, y también, particularmente contra el trabajo infantil en las minas. Las zonas más afectadas por esta problemática son en el Cerro Rico de Potosí, en Llallagua, al norte de Potosí y en Tipuani, en el norte del departamento de La Paz.


Texto: Juan Guzmán (es orureño paceñizado).
foto: Sivia Olga Castro Garcia - Richard Ilimuri