Las culturas tienen vida propia y deben valorarse en este territorio, por eso es necesario remontarse a las realidades vividas, donde nativos e invasores en diversas épocas fueron haciendo historia en Bolivia. A pesar de esa riqueza los indígenas están perdiendo la costumbre de sus antepasados a la falta de una política estatal que les dé las herramientas necesarias para su sobrevivencia. Conociendo el Estado Plurinacional, Las 36 Etnias, Reportajes. Culturas Urbanas, usos y costumbres.
miércoles, 28 de enero de 2026
Los Afrobolivianos: identidad, resistencia y cultura viva en los Yungas
lunes, 26 de enero de 2026
Los Reyesanos o maropas: un pueblo invisible en la amazonia
La escasa población de los reyesanos, también conocidos como maropas, ha reducido su presencia e influencia en el norte amazónico de Bolivia. La falta de estudios y registros oficiales ha dejado amplios vacíos sobre su origen, historia y situación actual en los departamentos del Beni y parte de Pando.
Debido a su reducido número, los reyesanos —o maropas, como también se los denomina— han permanecido casi al margen de la historiografía y las estadísticas oficiales. La información disponible sobre su pasado y su origen en el Beni y una parte de Pando es limitada y fragmentaria.
Antropólogos coinciden en que prácticamente no se han realizado estudios específicos sobre este grupo. A lo largo del tiempo fueron asimilados social y culturalmente, e incluso, en términos etnohistóricos, absorbidos por pueblos indígenas geográficamente cercanos como los araonas, cavineños, tacanas y esse ejjas.
Entre los pocos datos recopilados, se señala que los reyesanos pertenecen a la familia etnolingüística tacana, vinculada a la región de Tumupasa. Su economía se basa principalmente en la agricultura y la ganadería, actividades que complementan con la elaboración de artesanías en pieles y fibras de palma. Asimismo, practican la caza y la pesca como medios de subsistencia.
En su hábitat natural, los maropas o reyesanos prefieren asentarse en zonas de bosques y llanuras atravesadas por ríos y lagos de la cuenca amazónica. Estos entornos les permiten desarrollar sus actividades productivas, que dependen de la disponibilidad de recursos naturales y de ecosistemas conservados.
Los registros también indican que el grupo mantenía una notable movilidad. Sin embargo, al alcanzar la madurez —entre los 23 y 30 años— adoptaban prácticas más sedentarias y construían sus pahuichis (chozas) con palma de motacú, abundante en las riberas de los ríos.
A pesar de su larga presencia en la región, los reyesanos casi no han figurado en las estadísticas indígenas oficiales, lo que ha contribuido a que su existencia sea poco conocida. En los últimos años, no obstante, impulsados por algunas organizaciones, miembros del pueblo han comenzado a reivindicar su identidad, principalmente a través de expresiones culturales que buscan preservar y visibilizar su herencia ancestral.
sábado, 24 de enero de 2026
El alcalde yungueño que marcó la historia de la Alasita paceña
rias versiones de la Feria de Alasita durante su gestión como alcalde municipal en la década de 1970. Su figura es recordada hasta hoy como una de las más destacadas en la administración edil de la sede de gobierno.
La Feria de
Alasita, una de las expresiones culturales más emblemáticas de La Paz, tuvo
entre sus principales impulsores institucionales al general Armando Escobar
Uría, un yungueño que, desde el cargo de alcalde municipal, contribuyó
decisivamente a la consolidación y proyección de esta festividad dedicada a la
miniatura, la abundancia y la fe popular.
Escobar Uría,
oriundo de Ocobaya, comunidad yungueña del departamento de La Paz, asumió la
alcaldía en un contexto político complejo, marcado por gobiernos militares y
una intensa centralización del poder. Sin embargo, más allá del escenario
político de la época, su gestión se caracterizó por una fuerte preocupación por
el orden urbano, la identidad cultural paceña y la promoción de tradiciones
ancestrales que forman parte del patrimonio intangible de la ciudad.
Durante su
administración, la Feria de Alasita, celebrada cada 24 de enero en honor al
Ekeko, fue fortalecida como un espacio organizado y reconocido oficialmente,
permitiendo que artesanos, comerciantes y familias paceñas mantuvieran viva una
tradición heredada desde tiempos prehispánicos y adaptada a lo largo de la
historia colonial y republicana.
Una fotografía
tomada a inicios de la década de 1970 muestra al general Escobar Uría
recorriendo los puestos de la tradicional feria de la miniatura, en contacto
directo con artesanos y visitantes. La imagen, recientemente compartida en
redes sociales por Edwin Mansilla, ha reavivado el recuerdo de su figura y ha
generado comentarios que resaltan su cercanía con la población y su compromiso
con las expresiones culturales populares.
A más de medio
siglo de aquella imagen, Armando Escobar Uría continúa siendo evocado como uno
de los mejores alcaldes que tuvo La Paz, no solo por su perfil disciplinado
como militar, sino por su capacidad de valorar y proteger tradiciones
profundamente arraigadas en el imaginario colectivo paceño, como la Feria de
Alasita, hoy reconocida a nivel nacional e internacional.

