domingo, 5 de marzo de 2017

las indígenas bolivianas que pelean en traje típico

La lucha profesional es conocida tanto por sus trajes característicos y trucos de pelea, como por el propio combate. Pero en La Paz, Bolivia, las famosas peleas de "cholitas" lleva esta práctica a un nuevo nivel de teatro y sorpresa en el ring.
Mezclando las prácticas de la WWE y la lucha libre mexicana, estas mujeres indígenas actúan semanalmente con vestimenta tradicional del pueblo Aymara y Quechua,
saltando y golpeando con grandes faldas de capas, sombreros tradicionales y chales coloridos.
En una muestra de poder y orgullo, las mujeres hacen una declaración contra la devaluación histórica y opresión de sus comunidades en América del Sur (el término ‘chola’ fue alguna vez un insulto contra las mujeres indígenas), y ganan notoriedad (y un poco de dinero) al mismo tiempo.
El fotógrafo italiano Daniele Tamagni, mejor conocido por sus ensayos de fotografía y su colaboración con Solange Knowles, las vio en acción en 2010, cuando las fotografió para su serie “Las cholitas voladoras”, una referencia al movimiento de sus faldas ondulantes y dramáticos saltos.
Durante varias semanas, Tamagni capturó a su líder, la formidable Carmen Rosa, y a sus amigas, en el ring y fuera de él, mientras luchaban o se preparaban para la pelea, y mientras compartían con sus familias.
Tamagni habló con CNN Estilo sobre lo que aprendió de esas famosas peleas.
¿Cómo llegó a fotografiar a las cholitas?
Estaba en Bolivia en 2010 en una asignación en una pequeña ciudad, muy aislada en las montañas. Cuando terminé ese trabajo
decidí quedarme un poco más para hacer mi propio proyecto. Antes de ir a Bolivia hice un poco de investigación sobre las luchadoras en La Paz, pero no conocía a nadie.

¿Fue fácil infiltrarse en el grupo?
Al principio fue un poco difícil. A veces encontraba otro grupo de cholitas que decían ser las famosas, pero no eran. Jugaban, hacían lucha libre para los turistas, lo hacían de una manera que no era auténtica. Ellas decían “si quieres que organicemos una pelea para ti, debes pagarnos y nosotras actuamos”. Eso no era lo que estaba buscando.
Pero luego, unos días después, me encontré con un manager que dijo que conocía a la real Carmen Rosa, y me la presentó. Ella es una mujer muy amable, muy grande y un poco mayor para practicar algo de deporte, y fue la fundadora de las cholitas.
Las semanas siguientes hice el reportaje. Estaba interesado en seguirlas en su vida diaria. Por ejemplo, Carmen Rosa es una cocinera y tiene un restaurante de comida de calle.
¿Recuerdas la primera vez que las viste luchando?
La primera vez que las vi luchando fue en un colegio. El dinero que ganaron en la pelea fue destinado para restaurar los baños de la escuela, así que fue un evento comunitario.

Es algo diferente a las luchas tradicionales, algo más real, en las que cada cholita tiene un papel. Carmen Rosa es la líder, la mejor, y su mejor amiga es Julia la Paceña, que es más teatral, salta más.
Es como un teatro. Los luchadores son más artistas. Su sueño es volverse superestrellas, ganar dinero y la posibilidad de ganar cada vez más. Ellas son gente realmente humilde, pero muy apasionadas de lo que hacen.
¿Qué admiras de la lucha de las cholitas fuera del ring?
En ese momento, creí que era interesante que lo que hacía no era solamente tomar imágenes del deporte. La personalidad de esas mujeres es muy fuerte.
Lo fascinante fue su atención con la elegancia, la atención que le daban a su estilo de vestir y a sus raíces indígenas. Como fotógrafo, me enfoco mucho en las subculturas, en la manera de vestir como una manera de sobresalir y actuar, y eso es lo que ellas hacen.

Las cholitas son mujeres indígenas que antes eran despreciadas, pero ahora, a través de la lucha, han ganado más poder.

Texto:  Allyssia AlleyneCNN foto: Internet,
Richard Ilimuri

miércoles, 1 de marzo de 2017

La protección de los pueblos indígenas es clave para salvar al mundo de la crisis medioambiental

Grupo de hombres de la etnia Waorani Ecuador,
navegando en canoa 
Las comunidades indígenas del mundo necesitan tener un rol más importante en la estabilización del clima, de acuerdo con un nuevo estudio que muestra que al menos un cuarto del carbono de los bosques se almacena en tierras de estas comunidades, particularmente en Brasil.


La investigación, de un grupo de instituciones académicas y ONG medioambientales, es el esfuerzo más completo que se ha hecho hasta el momento en cuantificar la contribución de los guardianes tradicionales de la selva para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los autores explican que, en términos de costo-beneficio, la expansión de los derechos de las tierras tribales es la mejor manera de proteger las selvas y secuestrar el carbono –un tema que se espera que obtenga gran importancia en la próxima conferencia sobre el clima de las Naciones Unidas, que tendrá lugar en Marrakech (Marruecos).

El informe, de las instituciones Rights and Resources Initiative, Woods Hole Research Centre y World Resources Institute, pretende animar a los gobiernos a que reconozcan los derechos de las tierras indígenas e incluyan una participación tribal en los planes nacionales de acción. Actualmente este no es el caso de 167 naciones de las 188 que participan del acuerdo de París, incluyendo a Indonesia y la República Democrática del Congo, que son el hogar de algunas de las selvas más grandes del mundo.

También es probable entrar en un creciente debate en Brasil, que ha ganado prestigio por reconocer más tierras indígenas que cualquier otro país en las décadas pasadas, pero que actualmente está bajo un nuevo gobierno que, en términos climáticos, aún está siendo observado en el contexto del diálogo internacional.

El estudio, basado en sondeos satelitales de 37 países tropicales, estima que las tierras pertenecientes a los indígenas secuestran al menos 54,54 toneladas de carbono –aproximadamente cuatro veces la cantidad emitida globalmente al año.

Un décimo de ese territorio es de dominio público, no reconocido o en pugna. Esto aumenta el riesgo de que las tierras caigan en manos de constructoras, agricultores u otras entidades que podrían querer devastar la selva con el fin de obtener ganancias a corto plazo, con costos ambientales de largo plazo.

Los autores están de acuerdo en que hay un beneficio económico mayor al dejar que la propiedad esté en manos de sus habitantes tradicionales, y en que al fortalecer sus derechos de posesión, se protegerá la tierra.

Alain Frechette, investigador de Rights and Resources y uno de los autores del informe, urge a los gobiernos nacionales y a los negociadores para que hagan de las comunidades indígenas una parte más central de sus políticas sobre el clima.

“Cuando las comunidades que viven en su ambiente tradicional tienen asegurados sus derechos, no sólo las selvas están mejor protegidas, sino también las comunidades. Es lo que los economistas llaman un solución óptima. Todos ganan”, dice Frechette. “En contraste, el desarrollo a gran escala produce ganancias, pero los costos medioambientales, económicos y políticos de largo plazo no son tomados en cuenta, sino que sólo son postergados [y entregados] a las generaciones futuras”.
Mujer de la amazonia del Perú
Las selvas reducen el carbono del planeta en un 20 a 30 por ciento, además de ofrecer beneficios como agua fresca, polinización, biodiversidad, control de inundaciones y atracciones turísticas. Se estima que estas últimas significarán ganancias de 523 a 1.165 mil millones de dólares en Brasil, 54 a 119 mil millones en Bolivia y 123 a 277 mil millones en Colombia durante los próximos 20 años.


Los datos muestran que la región más importante es América Latina, donde el 58% de las emisiones se originan en la deforestación. Esta cifra es más del doble de la tasa mundial de 24% (por la misma causa). Sin protección, el carbono que se libere podría ser mucho más.

Desde que empezaron a expandir considerablemente sus tierras indígenas en 2003, Brasil –y más tarde Bolivia y Colombia– han iniciado un camino de reducción de la deforestación. World Research Institute estima que sin esta protección, las selvas tropicales eran dos o tres veces más propensas a ser arrasadas.

Pero en los años recientes, la deforestación en Brasil volvió a aumentar gradualmente, y muchos medioambientalistas están preocupados de que la administración del nuevo gobierno de centro derecha de Michel Temer, acelere esta tendencia. Desde que la derecha sacó a la presidenta Dilma Rousseff de su cargo en septiembre, el nuevo gobierno ha cortado el presupuesto para la Fundación Nacional del Indio (Funai) y ha removido a gran parte del personal de la institución.

“Aún hay tiempo para hacer algo importante”, dice a The Guardian Paulo Moutinho, director del Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia (IPAM). “El mundo espera una acción fuerte de parte de Brasil. Sería lindo consolidar y expandir las áreas protegidas, de otro modo será imposible lograr lo que le prometimos al mundo”, concluye Moutinho.

Artículo original en The Guardian


Traducción, www.elciudadano El Ciudadano
Texto y foto: Internet - Richard Ilimuri

viernes, 20 de enero de 2017

El documental de Discovery que retrata los 500 años de guerra por el territorio mapuche en Chile

Del rol de las forestales, la violencia policial y la ley antiterrorista. Reporteros del canal estadounidense llegaron hasta Collipulli para intentar entender un conflicto que tiene más de 500 años de historia y para el que todavía no hay solución.


“The world is unaware of a violent turf war happening in Chile” (“El mundo no está al tanto de una violenta guerra de territorio en Chile). Así presenta la compañía mediática estadounidense Discovery su nuevo documental sobre el conflicto mapuche en Chile.


Se trata de Seeker Stories, una plataforma de Discovery en la que realizan pequeños reportajes audiovisuales sobre distintos temas alrededor del mundo. Conducido por Kyle Thiermann, fueron hasta Collipulli para tratar de entender el conflicto.

Y se encontraron con el rol de las grandes empresas forestales, la violencia policial, la ley antiterrorista y la responsabilidad del Estado en una guerra que todavía no tiene solución.
VER VIDEO

Texto y foto: Richard Ilimuri - Internet