lunes, 19 de agosto de 2013

PATRIMONIO VIVIENTE; Carmelo Flores Laura tiene 123 años

Vive en los Andes y se alimenta de lo que él mismo cultiva.
Vive en una choza de adobe con techo de paja y piso de tierra, como casi ya no existe en el altiplano, bebe agua que baja de la cordillera. Hace tres años tiene electricidad y letrina, aunque él está habituado a usar el descampado. Algunas veces se cocina en un fogón, que atiza con paja brava, y en ollas de barro. El anciano vive en la comunidad de Frasquia, en la provincia Omasuyos, en el altiplano boliviano. Así lo constató una delegación de la gobernación del departamento de La Paz, donde reside Flores, que difundió fotografías de su partida de nacimiento y su cédula de identidad que muestran que nació el 16 de julio de 1890. Ademas lo declarará -el próximo 26 de agosto, Día del Adulto Mayor en Bolivia, como Patrimonio Viviente de la Humanidad, por ser considerado el hombre más viejo del mundo.

Si los datos del registro civil son correctos, Flores nació el 16 de julio de 1890, el único inconveniente es que antes de 1940 en Bolivia no existían certificados de nacimiento y los recién nacidos eran registrados las cercanas iglesias católicas. Según el Libro Guinness de Récords, la persona viva más vieja del mundo es la japonesa Misao Okawa, de 115 años, mientras que la persona más longeva de la historia fue la francesa Jeanne Calment, que murió en 1997 a los 122 años y 164 días. En cuanto a su descendencia Flores, es de origen aymara, tuvo tres hijos, pero solo uno de ellos vive; tiene 16 nietos y 39 bisnietos. Ha confesado que no bebe alcohol, pese a que lo consumía cuando era joven.
Bolivia, tiene al hombre mas longevo del mundo.

“Estoy andando así nomás, solito ando con los animales (por el cerro). No comía ni fideo, ni arroz, sólo cebada; cultivaba papa, habas… ahora hay todo para comer”, dijo Flores a la AP. A veces siente dolor de cabeza y estómago, sobre todo cuando come fideos, y recuerda haber consultado un médico en su juventud.

Piensa que el kerosene es lo más moderno que hay para cocinar, pese a que ya no se usa como combustible doméstico. En su juventud se alimentaba de carne de zorro que cazaba, ahora casi desaparecido, y dice que le gusta la carne de cerdo. Todavía lamenta la muerte de su esposa hace más de 10 años.El registro biométrico del padrón nacional dice que Flores nació el 16 de julio de 1890 y que es analfabeto. No habla español, sólo aymara, pero su voz es firme. Es menudo y no usa lentes.

“Un poco oscuro veo, antes tenía buena vista pero te veo caminando”, dice a reporteros de la AP. Escucha poco, hay que hablarle al oído, no tiene dientes pero mastica con las encías todo el tiempo hojas secas de coca, como todos los indígenas de la región, para despejar el cansancio y aguantar el hambre.

“Tenía ovejas y comía eso, antes no había kerosene, sólo con la grasa de cordero cocinaba… debo tener cien años o más”, indica Flores.

Aunque de acuerdo con InfoBAE, Flores tuvo tres hijos, de los cuales sólo vive el menor Cecilio, de 67 años; tiene 40 nietos y 19 bisnietos, la familia está dispersa, según declaraciones de Edwin Flores, el nieto de Carmelo, quien tiene 27 años, es albañil y agricultor y es el único que vive con el anciano.Edwin dice que su abuelo participó en la guerra Chaco de 1933 contra Paraguay, pero el hombre apenas lo recuerda. También cuenta que su abuelo, que creció en una sociedad semi-feudal, trabajó para el hacendado que poseía Frasquia hasta 1952, cuando el Estado aprobó la reforma agraria, y repartió la tierra a los campesinos que trabajaban en ella.

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