miércoles, 20 de junio de 2012

Perder Un Hijo...

La noche del domingo pasado, Yacuiba recibió
con mucha asombro y desconcierto la infausta
noticia a la muerte trágica en un accidente de
tránsito, del último hijo del presidente del Concejo
Municipal de Yacuiba Jorge Arias Soto. Todos nos
conmovimos mucho con la noticia.

Hoy en la mañana fui el sepelio, y acompañamos a
la familia en su profundo e inconsolable dolor.
Mientras iba a la misa de cuerpo presente en la
Iglesia, mientras acompañaba al cortejo fúnebre
por las calles de Yacuiba, mientras ingresaba al
cementerio, mientras depositaban el cuerpo yerto y
sin vida de Diego Bebeto Arias Estepa en un nicho
en el cementerio municipal, mientras regresaba a casa en el taxi, reflexionaba, pensaba, recapacitaba,
reconsideraba sobre la muerte y la vida.

Una muerte de un ser querido (sea familiar o no) siempre genera dolor y sufrimiento, pero es más
tormentoso aun cuando esta muerte es trágica, y ese dolor se incrementa aun mas cuando la muerte es
de un hijo dependiente. No es natural que un padre entierre a un hijo, es antinatural. Lo que forma parte
del ciclo de la vida es que un hijo entierre a sus padres y abuelos. Es decir, que se haya agotado el
espacio de vida primero y después la muerte.
 
Sin duda es inconmensurable el dolor que se registra por la partida irreparable de un ser querido que
uno ha engendrado, y en el que se siente la prolongación de uno mismo. Tanto tiempo compartido,
disfrutado, amado. Muchas experiencias vividas que no morirán nunca, muchas lecciones aprendidas de
los hijos. No me imagino el insondable dolor que siente en este momento Jorge Arias Soto, su esposa,
su hijo y su familia por este hecho trágico. Con duda que le costará muchísimo recuperarse de esta
adversidad imprevista, porque Jorge Arias tenia depositado muchos sueños y anhelos en su hijo menor.
 
Tengo muchas, profundas e irreconciliables diferencias políticas con el político Jorge Arias, pero no
puedo ser indiferente ante el Jorge Arias humano. Es por ello que decidí solidarizarme plenamente con
él y acompañarlo en su momento de dolor. Cuando se pierde a un ser querido nos planteamos muchas
preguntas, que quedan sin respuestas convincentes, sin embargo vamos entendiendo los ciclos de la
vida, inevitablemente aceptamos que las cosas ocurren independientemente de lo que nosotros
deseábamos o esperábamos. Lo natural es nacer, crecer y morir pero cuando a un ser querido le llega
la hora, sea como fuere, parece que nunca estamos preparados, como si fuera algo que nunca pudiera
ocurrir, como si estuviera ajeno a nuestra condición de humanos.
 
Nos creemos eternos, creemos que los nuestros son inmortales. Los jóvenes creemos que viviremos
para siempre. Cierto día la muerte nos visita y entonces pensamos en por qué no disfrutamos de esa
persona, por qué no aprendimos de ella, por qué no la amamos con más intensidad, por qué no la
atendimos, por qué no fuimos más expresivos, por qué no perdonamos, por qué por qué…. Muchas
preguntas pero la respuesta está muy clara: debemos vivir con plena conciencia cada segundo, disfrutar
cada paso de la vida, y acepta todo lo que ocurra con alegría y buen carácter.
ESTEBAN FARFÁN ROMERO